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27 Oct Jimmy Morales y los jimmyliebers, la segunda minoría mayoritaria del país

El pasado domingo ha tenido lugar la segunda vuelta de las elecciones presidenciales guatemaltecas. Los resultados han sido interesantes y han mostrado que, una vez más, las encuestas electorales tenían razón. La opción mayoritaria, liderada por el futuro Presidente de la República, el cómico y empresario Jimmy Morales, obtuvo un histórico 67.44% de los votos válidos emitidos. Los resultados, siendo interesantes, esconden elementos que no podemos dejar de lado como ciudadanos y que sin duda no podrán obviar ni el partido Frente de Convergencia Nacional (FCN Nación) ni el futuro Presidente. Algunos comentaristas hablan de un cambio en la política guatemalteca, de una etapa de transición hacia un nuevo y mejor sistema político. Ojalá sea así.

Las comparaciones son inevitables y, definitivamente, al hablar de transición y de Guatemala nos viene a la mente la histórica elección de 1985, aquella que ganó Vinicio Cerezo y que comenzó llena de esperanzas. La Democracia Cristiana con Vinicio Cerezo a la cabeza obtuvo el 68.40% de los votos válidos emitidos. La abstención en dicha elección fue del 37.20%. El parecido en las cifras es incuestionable, solo hay diferencias en un ámbito, clave en relación a la legitimidad con la que llega el nuevo Presidente: la abstención y la sumatoria de votos nulos y votos blancos. Jimmy ganó la elección con el 67.44%. Sin duda, es uno de los presidentes guatemaltecos con más apoyo en las urnas.  Sin embargo, a diferencia de Vinicio, la abstención en esta elección ha superado el 44%, alrededor de diez puntos más que en la elección de 1985. Esto quiere decir que, con base en los resultados oficiales, la abstención ha sido la preferencia seleccionada por la mayor parte de la ciudadanía. Es ahí donde Jimmy y su organización deberían centrarse… Han ganado, sí, pero sus niveles de legitimidad no son tan altos como los números electorales parecen mostrar.

La minoría mayoritaria ha sido la abstención sumada a los votos nulos y blancos. Sumados, ambos llegan al 47.83% de los empadronados. Por lo tanto, parece inevitable que Jimmy llega al poder con el apoyo del 37% del total de empadronados -correspondiente al 67.44% del voto válido emitido-: más claramente, sólo 1 de cada 3 guatemaltecos le ha dado expresamente su apoyo. Un gobierno de esta naturaleza está obligado a negociar, a escuchar al resto de formaciones y a la ciudadanía, a como señala Giovanni Sartori, respetar los derechos de las minorías. El nuevo gobierno de Jimmy Morales no debería ingresar a una pelea frontal y directa con el Congreso ni a intentar edificar un hiperpresidencialismo en la república. Ni las leyes ni los ciudadanos le han autorizado para tal acción. Este es el gran logro de la democracia liberal: gestionar relaciones conflictivas mediante mecanismos pacíficos, obligar al diálogo para que se puedan tomar decisiones. Nadie dice que dicho proceso no sea problemático ni conflictivo.

La intervención pública del futuro Presidente ayer en la noche en el centro de votaciones ha sido moderada y en clave constructiva. Esperemos que cumpla. Parece que el nuevo Presidente es consciente de la ficción que los primeros datos de las elecciones han generado entre la población y entre distintos medios de comunicación. La democracia proporcional está más preocupada de representar que de concentrar el poder. Lo anterior, a veces, provoca problemas de gobernabilidad pero se supone mejora la cultura de gobernanza al habilitar más espacios para dialogar. Sin embargo, dicha lógica de funcionamiento democrático no ha sido siempre posible en los países latinoamericanos. Este tema, el de la concentración y gestión del poder en los sistemas políticos latinoamericanos, ha generado interesantísimos debates en el campo de la Ciencia Política.

Destaca por su profundidad y por los ríos de tinta que fue capaz de generar la crítica que Juan Linz desarrolló contra los sistemas presidencialistas. El profesor de Yale señalaba que dicho sistema presidencialista incentiva el desarrollo de líderes carismáticos, de mesías y salva-patrias que paradójicamente podían acabar destrozando el propio sistema democrático que les había llevado al poder. El debate lo continuaron autores como Guillermo O’Donnell. El politólogo argentino consideraba que en América Latina no existían democracias liberales, se observaban lo que él denominaba democracias delegativas. Los ciudadanos delegaban el poder cada cuatro años a un Ejecutivo que aprovechaba esta “carta blanca” para intentar transformar el país sin tener en cuenta a las minorías en general y a los distintos grupos existentes en el país. Con ello, existía el riesgo, una vez más evidente, de transformar la democracia liberal en una democracia iliberal. Esperemos que eso no suceda aquí, en la Guatemala de 2015. Jimmy debe tener claro que ha sido la segunda mayoría minoritaria, una ilusión electoral fruto del balotaje. La citada minoría mayoritaria ha sido la abstención sumados al voto nulo y voto en blanco.

La supervivencia de la democracia liberal depende de la capacidad del sistema para respetar los derechos de las minorías y las libertades individuales básicas, además de ser capaz de edificar política pública involucrando a más actores, obteniendo el apoyo de un porcentaje realmente relevante de la sociedad. Si el nuevo Presidente es capaz de internalizar todo esto y construir gobierno teniendo en cuenta los resultados en su verdadera esencia, sí que podrá cambiar definitivamente la manera de hacer política en este país. Es una oportunidad no sólo para Guatemala sino para toda América Latina. Definitivamente, sí hay una oportunidad de transformar la manera de hacer política en Latinoamérica. Pero la oportunidad en sí no asegura el éxito. Por favor Jimmy, por el bien de todos, aprovéchela.

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23 Oct Disminuye violencia homicida por sexto año consecutivo en Guatemala

La crisis política del país, provocada por los escándalos de corrupción en las aduanas, dejó al Organismo Ejecutivo sin cabeza y también implicó cambios en la cúpula del Ministerio de Gobernación, el cual tiene a su cargo la seguridad ciudadana. Se temía que el vacío de poder fuera aprovechado por el crimen organizado y la delincuencia común para hacer de las suyas, y elevar así las estadísticas de violencia y otros delitos. También se especulaba sobre la violencia exacerbada por la campaña electoral, pero sabemos que la tasa nacional es independiente de la violencia política.[1]  Nada de eso ocurrió. Por el contrario, hemos mantenido la tendencia de largo plazo en el descenso de la tasa de homicidios a nivel nacional.

Según data registrada por el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF), al 30 de septiembre de 2015 la tasa acumulada de necropsias relacionadas con hechos criminales va seis por ciento por debajo de la observada a la misma fecha del año anterior. En términos absolutos, en 2015 hay 165 muertes menos que en los primeros nueve meses del 2014. Sólo en enero y mayo de 2015 se sobrepasó la cantidad de necropsias de los mismos meses en 2014, mientras que en los otros siete meses el número fue menor. En julio y agosto se lograron las mejorías más notables. Los registros de la Policía Nacional Civil (PNC) confirman este descenso, aunque la caída es más modesta: del cinco por ciento.

La tasa interanual de la PNC se ubica en 31 homicidios por cada 100 mil habitantes, y la tasa acumulada de los primeros nueve meses del año en 23, por lo que es bastante probable que el año concluya en alrededor de 30 por 100 mil. Eso significa dos puntos menos que la tasa anual del 2014. Lo cual implica que se estaría logrando un sexto año consecutivo de descenso en la violencia homicida en Guatemala, a nivel nacional. No importa si ésta se mide con data del INACIF o de la PNC, como se muestra en el siguiente gráfico.[2]

tasa anual de necropsias y homicidios 2009_2015 PNC INACIF watermark

La mejoría de Guatemala es acompañada por la de Honduras, aunque el nivel de violencia en este segundo país llega a duplicar al del primero, su reducción es más impresionante: del 13 por ciento. Ambas tendencias contrastan con el aumento del 65 por ciento de la violencia en El Salvador, cuya tasa interanual ya triplica a la de Guatemala, como se observa en el siguiente gráfico. No debe olvidarse que en el denominado Triángulo Norte de Centroamérica, la subregión más violenta del planeta, hay factores comunes a los tres países y vasos comunicantes que podrían explicar las variaciones mucho mejor que los cambios en políticas públicas de seguridad ciudadana a nivel nacional. Por ejemplo, se dice que la violencia está correlacionada con factores como el narcotráfico (sobre todo en Honduras), como la violencia entre pandillas y de éstas contra el Estado (sobre todo en El Salvador) y como la “cultura del honor” en ciertas comunidades donde históricamente los conflictos se resuelven por medio de la violencia armada (sobre todo en la zona oriente de Guatemala).[3]

tasa interanual HN GT ES a sep 2015 watermark

En Guatemala seguimos sin tener muy claras las causas del descenso en la violencia, pues los cambios en las políticas públicas no se suelen evaluar de manera rigurosa, y sabemos que pueden existir factores exógenos que explican mejor la variación en la tasa de homicidios que la toma de decisiones gubernamentales. Aunque se califique como modesta, dicha mejoría ha salvado unas 10 mil vidas en los últimos seis años, si tomamos como punto de referencia el año 2009, cuando se registró la tasa anual más elevada.

Entre los especialistas, se acepta como una hipótesis plausible el hecho que una mejor coordinación de trabajo entre el Ministerio Público (MP) y el Ministerio de Gobernación (MINGOB), también con el apoyo del INACIF por medio del aporte de las pruebas científicas para la investigación criminal, ha contribuido a disminuir la impunidad y, por lo tanto, los incentivos para cometer crímenes. Por un lado, se han capturado y condenado a varias estructuras criminales, sacándolos así de circulación. Por otro lado, se ha enviado a dichas organizaciones un mensaje claro por parte del sistema de justicia, elevándose así los costos del crimen y, consecuentemente, sus beneficios netos.

En efecto, ha disminuido la impunidad en Guatemala desde el año 2010 de manera perceptible, como se puede verificar en un estudio por publicarse (elaborado por el MP y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG). Aunque no está del todo claro cómo los criminales incorporan en su análisis de costo-beneficio ese cambio en la probabilidad de ser capturados y condenados. Una explicación alternativa es que los mismos criminales se han estado eliminando entre sí y por ello quedan menos en operación. Puede ser que hayan migrado a otros países donde les sea más rentable o seguro cometer crímenes o que, simplemente, hayan decidido llamar menos la atención de las autoridades alcanzando una especie de pacto de no agresión entre ellos mismos.

Aunque la violencia en Guatemala ha disminuido durante los últimos seis años, la tendencia de mediano plazo parece estar estancada desde hace varios meses en torno a los 30 homicidios por cada 100 mil habitantes. Esto puede deberse a que aún persisten inalterados los determinantes estructurales de la violencia en el país, como lo son la pobreza y la desigualdad. Una numerosa población masculina, joven y sin empleo formal, en medio de tanta inequidad, es la combinación más peligrosa que una sociedad puede ofrecer. Los cambios institucionales no bastan para detener el uso de la violencia en los mercados ilegales que surgen para proveer bienes y servicios no permitidos, y en los cuales las “disputas comerciales” se resuelven a balazos, como es el caso del narcotráfico.

Mientras escribo estas líneas, el MP pide sentencia condenatoria contra unos 40 jóvenes integrantes de pandillas a quienes se les acusa de extorsión, asesinato y conspiración para el asesinato de unas 70 víctimas. Según la PNC, en 2014, hubo al menos 80 muertes violentas entre pandilleros, mientras que ellos victimizaron a unas 76 personas.[4]

Finalmente, respecto a la geografía de la violencia en Guatemala, al 31 de agosto de 2015, la data de la PNC refleja patrones muy similares a los de años anteriores. Escuintla, Chiquimula y Zacapa presentan las tasas acumuladas más altas, ya superando los 50 homicidios por cada 100 mil habitantes. De hecho, los dos primeros son también los que más han aumentado en números absolutos. En contraste, el departamento de Guatemala ha mejorado, mostrando 164 homicidios menos que en 2014, es decir, una disminución del 14 por ciento. Es en dicho lugar donde ocurre el 32 por ciento de todos los homicidios (aunque allí habita el 21 por ciento de la población total del país).

Hace cuatro años, incluso hace ocho, las campañas electorales se centraban en quién podría solucionar el problema de la violencia y la inseguridad. Ahora es el problema de la corrupción el que obtiene la atención del electorado y los candidatos sólo responden a ello. Aunque hemos mejorado, Guatemala sigue siendo una de las sociedades más violentas del planeta. El actual período de gobierno terminará entregando un reporte de más de 20 mil vidas perdidas por hechos criminales. La mayoría de las víctimas son hombres jóvenes de las zonas urbanas pobres. Por ello, es crucial que la nueva administración de gobierno sea capaz de sostener la tendencia positiva y que acelere el descenso.

 


[1] Sí hubo asesinatos de candidatos políticos durante la presente campaña. Se contabilizan entre 25 y 28 víctimas relacionadas de alguna manera con los partidos políticos –según recuento de Plaza Pública (21 oct. 2015), pero ello no afecta el nivel general de violencia homicida anual, la cual está más relacionada con otras causas.

[2] En Guatemala, las principales fuentes sobre la violencia homicida son la Policía Nacional Civil (PNC) y el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF), que generan registros independientes entre sí, con diferencias sistemáticas explicables por el momento en que contabilizan las muertes. La PNC se limita a la escena del crimen, donde muchas víctimas son registradas como heridas pero luego mueren en centros de atención hospitalaria. El INACIF recibe casi todos los cadáveres con signos de violencia, incluyendo a quienes murieron por accidente o por heridas auto-provocadas.

[3] Escribí una breve explicación sobre el término “cultura del honor” en The Black Box (23 ene. 2013).

[4] En 2014 la PNC únicamente generó hipótesis del móvil criminal para menos del 40 por ciento de los homicidios. Su registro es ampliamente cuestionado por la escasa capacidad de investigación de los agentes de la Policía, pero sirve por un indicativo ante la falta de registros sistematizados por parte de otras entidades del sistema de justicia, como el mismo MP y las hipótesis criminales elaboradas por sus fiscales.

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19 Oct El extraño caso de Jimmy Morales, o el síndrome de Mr. Magoo

Cuando uno ve la victoria de Jimmy Morales como una posibilidad (hace seis meses se veía como su mejor -aunque no intencional- chiste) no deja de preguntarse en qué momento(s) pasó esto. Cómo pudo haber sucedido que un inexperto comediante, un amateur de la política con cero porcentaje de voto en las encuestas de abril pudiera convertirse en el ganador de la primera vuelta y virtual ganador de la elección presidencial. Igual que con el argumento de que si encontramos un reloj debe haber un relojero, aparece en nuestros cerebros la muy intuitiva conclusión de que semejante éxito vino de una mente brillante.

Mas eso no es siempre así. El cerebro humano es una máquina que busca patrones. Si no hay una evidente relación de causalidad consciente e intencional, nuestras neuronas conspirarán, a veces a favor y a veces en contra de nosotros, para encontrarla. Por regla general, esta capacidad natural es la condición necesaria para el conocimiento, pero también juega malas pasadas. Estas vienen en forma de visiones de vírgenes en tostadas, dioses en huracanes y conspiraciones judeomasónicas en el sistema financiero.

Muchas cosas son el producto de un proceso ciego (toda forma viviente, como bien explica Dawkins para empezar) que tiene un resultado complejo, pero no una intencionalidad consciente. De hecho, los autores liberales escoceses nos enseñan que, para hacer ciencias sociales, debemos introducir nociones como consecuencias no intencionales u órdenes policéntricos. La vida biológica y social no se explica sin cierto grado de azar, de variables que actúan ciegamente, sin sentido, pero que acaban afectando nuestras vidas. Suerte, destino, divina providencia o aleatoriedad son algunas de las expresiones que se han utilizado, por distintas personas y sus distintas interpretaciones, para designar esta parte de la naturaleza de las cosas.

Una campaña electoral correspondería a un evento contrario a esto, es decir, planificado. Obviamente, la estrategia de comunicación de un partido está sometida a ciertas variables que no puede controlar el centro de mando, pero uno podría decir que el ganador en una elección no lo es por casualidad. Hay siempre algo que el estratega detrás del candidato ha hecho bien…de la misma manera que los resultados deportivos tienden a ser explicados por la calidad, motivación, preparación y estrategia de los jugadores, los resultados electorales obedecen a lógicas similares. Guatemala, este país nuestro tan particular, nos presenta con un extraño caso que se parece más a un orden no intencional que a una acción pensada.
En este artículo voy a defender una tesis atrevida, que puede ser cuestionada y sometida a otros criterios. El problema con el que me enfrento es de data. Para llegar sólidamente a las conclusiones a las que quiero llegar necesitaría encuestas diarias, información sobre focus groups, y un análisis de audiencias y medios infinitamente más sofisticados que el que poseemos. Lo que haré en cambio es un juicio de valor sobre los mensajes y candidatos de esta campaña dentro del marco teórico de la construcción de agenda en comunicación. La tesis es la siguiente: Jimmy, si llega a ser Presidente, lo será por accidente… por una conspiración del destino.

La historia de esta campaña yo la resumiría de la siguiente manera: la CICIG lanzando bombas mediáticas y Jimmy haciendo de Mr Magoo. Para quien no conozca a este entrañable personaje caricaturesco, Magoo es un viejo simpático de vista corta que en su actividad diaria se mete en toda clase de situaciones cómicas y desastrosas, mas nunca llega a saber de sus meteduras de pata pues – haga lo que haga- todo a su alrededor se alinea en su favor y sale ileso, llegando a su destino sano y salvo pese a su ceguera. Magoo es, al final del día, una alegoría de la buena, y cómica, suerte.

Para explicar el camino que sigo para llegar a esta conclusión es necesario empezar con la Teoría de la Agenda Setting. Básicamente consiste en asumir lo siguiente: los medios de comunicación no te dicen qué pensar sino sobre qué pensar. Es decir, obligan a posicionar a la ciudadanía en temas determinados, en los que no pensaría si no estuvieran en los periódicos. No va a manipular a nadie a pensar si hubo o no genocidio (eso depende de tu biografía, tu orientación ideológica, de muchas cosas que los líderes de opinión no pueden afectar), pero van a forzar posicionamiento frente al tema. En una contienda política será muy importante quién de los candidatos se proyecta mejor en el tema dominante del momento frente a la audiencia.

En una campaña electoral lo normal es que las agendas sean influidas en buena medida por las candidaturas. Al recibir una enorme atención de los medios es más fácil colocar los grandes temas y sus mensajes en el debate público (siempre que el público los identifique como problemas, claro está). Es en ese contexto es que se produce un competencia de agendas, donde las candidaturas hablarán de los problemas que les interesan destacar e intentarán posicionarse con respecto a los mismos como mejor les conviene. Otto Pérez Molina, en la campaña electoral de 2011, se posicionó como el solucionador de la inseguridad y se puede decir que ganó en cierta medida porque la campaña giró en torno a ese tema.

En cambio la actual campaña chapina ha sido muy distinta. La CICIG, el Ministerio Público y las continuas manifestaciones han marcado la agenda de manera absolutamente dominante y los candidatos han tenido que ir adaptándose a los jueves de CICIG, los viernes de MP y los sábados de protesta ciudadana. Lo que parecía una campaña que iba a versar sobre el empleo se convirtió en una campaña sobre corrupción y reforma del sistema ¿Quién se nos podía presentar como la solución a la corrupción? El señor Baldizón del partido Líder, claro favorito, no se presentaba como gran renovador ¿cómo lo haría si ha formado parte del sistema, alimentándolo desde hace años? Cometió además un error estratégico detrás de otro, desde pelearse con los tres actores antes mencionados que marcaron la pauta del debate hasta lemas como el Letoca, que se le volvieron en contra.

A todo esto Jimmy pasaba por aquí. Un comediante sin dinero, sin estructura política y que testeaba el ambiente para próximas elecciones resultó estar en medio de todo esto. Con la pulcritud que le da no ser político, sólo tuvo que sonreír para resultar el más creíble de todos los candidatos. Ni corrupto ni ladrón. No mucho más que eso.

A esto se le une un segundo elemento que se alineó a favor de Morales. La oferta política con la que se ha enfrentado. Los dos máximos contendientes fuertes en lo rural, Manuel y Sandra, son de los peores candidatos vistos por los guatemaltecos. Nerviosos, erráticos y sudorosos tienen una capacidad limitada de conexión con el público. El resto de políticos profesionales, sobre todo las opciones urbanas minoritarias nunca plantearon una posibilidad creíble. Se trató de un conjunto de personajes entre grises y desconocidos con estrategias de campaña en el mejor de los casos ocurrentes y, en el peor, ridículas.

Como Mr. Magoo la campaña de Jimmy se ha comportado como si de facto estuviera ciega ante lo que pasa a su alrededor. En ningún momento se subió a la ola de indignación ni representó a los que se manifestaban en la plaza. Los mensajes son difusos y artesanales, ocurrencias que en ningún caso pueden sustituir a una estrategia de comunicación. Tampoco el discurso de Jimmy es nada nuevo. Es difícil diferenciar la diatriba de vaguedades que Morales dice cada vez que tiene un micrófono cerca con la de decenas de políticos chapines. Sin dinero, ni estructura, ni mensajes sólidos, el secreto del éxito está consistiendo en estar en el momento correcto con la inocencia adecuada.

No hay una gran mente detrás del resultado electoral de Morales. Al contrario que a cierta gente, eso a mí me resulta más escalofriante que si existiera una conspiración en contubernio de intereses oligárquico-militares. La realidad puede ser explicada de otra forma, a través de órdenes policéntricos que ahora parecen entregarle en bandeja la Presidencia a Jimmy. El destino conspiró para que llegara al poder….el problema para los ciudadanos es que no pase como con el bueno de Magoo que en su actividad despreocupada y afortunada, deja siempre un reguero de destrucción a su alrededor.

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14 Oct Modelos teóricos para el análisis político: El pluralismo agonista de Chantal Mouffe (I)

“Pero también, pensando más localmente, lo político emergió en la lucha contrarrevolucionaria frente al Gobierno de Árbenz y en las propias del movimiento guerrillero y de los actores sociales frente a las dictaduras militares, así como también ha aparecido en las movilizaciones y protestas ciudadanas de este año en nuestro país contra la corrupción y a favor de la reforma política”.

 

Los últimos cincuenta años de la teoría política occidental se resumen en el paso de un período de amplio dominio del pensamiento liberal a otro en el que, progresivamente, han venido cobrando auge y ganando influencia las teorías post-liberales.

En efecto, con la publicación de Una teoría de la justicia de John Rawls en 1971, el pensamiento político liberal rompió con el largo predominio de la filosofía analítico-lingüística e inauguró una fructífera época de reflexión en torno a temas sustantivos de gran interés y prioridad para la filosofía política en las sociedades democráticas, a saber: la justicia social, la ciudadanía, las minorías, la desobediencia civil, las libertades, el pluralismo, los derechos humanos, entre otros.

Frente a los supuestos y planteamientos de la teoría rawlsiana de la justicia y el pensamiento político liberal habrían de emerger y reaccionar críticamente en el contexto anglosajón otras corrientes prolíficas e interesantes como el libertarismo, el comunitarismo, el marxismo analítico y el republicanismo, enriqueciéndose así enormemente el debate filosófico-político de finales del siglo XX.

Pero también en el continente europeo, sobre la base de otras tradiciones intelectuales, surgirían posturas críticas y propuestas alternativas frente a la teoría política liberal,  encontrándose entre las de mayor relevancia la de la filósofa política belga Chantal Mouffe (1943), quien en lo que va de este siglo ha desarrollado y perfilado su propio enfoque teórico-político que podemos denominar como “agonista” o “agonístico”.

La estrella de Mouffe ha ido en ascenso en el firmamento filosófico-político durante la última década y, en tal razón, para cualquier analista de la política resulta indispensable estudiar y considerar seriamente su propuesta teórica, especialmente la expuesta en varias de sus obras que han sido publicadas en castellano bajo títulos como El retorno de lo político, La paradoja democrática, En torno a lo político y Agonística, pensar el mundo políticamente.

Debo decir que el enfoque de Mouffe, no ciertamente en su totalidad pero sí en algunos de sus elementos claves, me parece no sólo atractivo sino también imprescindible para los fines de una reflexión teórica y crítica sobre la política contemporánea que, reconociendo el carácter post-metafísico de su época, trate de dar cuenta de las transformaciones del mundo en que vivimos y provea además guía u orientación para la praxis política.

En el marco de una reflexión previa y de mayor amplitud que fue publicada semanas atrás en Plaza Pública, no está de más señalar que varias aportaciones de Mouffe también me parecen elementos relevantes para la definición y constitución de una nueva izquierda que, asumiendo el fracaso histórico del socialismo realmente existente y dejando atrás el lastre de cualquier ortodoxia marxista, renueva su cultura política y amplía su horizonte analítico-conceptual en una ruta post-marxista a los efectos de una política emancipatoria.

Planeando dedicar al menos tres artículos al análisis y exposición de la propuesta de Mouffe, así como al desarrollo sobre esta base de una reflexión propia sobre la revolución en marcha en nuestro país, me limitaré en esta entrega a avanzar y explicar con la mayor claridad y brevedad posible algunos de los elementos claves de su modelo pluralista agonista.

Antagonismo, hegemonía y lo político/la política: los elementos del pluralismo agonista.

El pluralismo agonista propuesto por Mouffe es un modelo post-liberal de democracia que se propone ir más allá de los confines del modelo liberal de “democracia deliberativa” que han venido propugnando, desde el último cuarto del siglo XX, pensadores de enorme relevancia como John Rawls y Jürgen Habermas.

La esencia de la crítica de Mouffe a teorías políticas como la rawlsiana y la habermasiana se enfoca en la naturaleza liberal de las mismas, o más específicamente, en sus rasgos individualistas, racionalistas y universalistas. El punto clave de la crítica mouffeana subraya que la teoría política liberal, que revitalizaron Rawls y sus epígonos, es incapaz de aprehender y dar cuenta adecuadamente de la política contemporánea en virtud de su olvido o negación de lo político. ¿Qué es, para esta pensadora, lo político?

Junto con Laclau[1] y apoyándose de modo específico en la reflexión del filósofo alemán Carl Schmitt,[2] Mouffe sostiene que la teoría política contemporánea debe partir del reconocimiento de que el antagonismo es constitutivo e inerradicable[3] y que, por tanto, es una posibilidad siempre presente en la sociedad. En esta línea, lo político es, según Mouffe, “la dimensión de antagonismo y de hostilidad que existe en las relaciones humanas” y que “puede adoptar múltiples formas y puede surgir en relaciones sociales muy diversas”. Cuando las relaciones sociales se construyen o establecen bajo la forma del antagonismo, lo que empero no ocurre necesariamente en toda relación, allí entonces emerge o puede surgir lo político.

A manera de ejemplo, lo político se manifiesta en las luchas a favor de los derechos humanos bajo regímenes dictatoriales o democráticos, en las luchas de liberación nacional en países colonizados, en las luchas de los trabajadores por mejores salarios y condiciones de trabajo, o en las luchas de las mujeres y las minorías religiosas, sexuales y étnicas frente a regímenes opresivos.

Pero también, pensando más localmente, lo político emergió en la lucha contrarrevolucionaria frente al Gobierno de Árbenz y en las propias del movimiento guerrillero y de los actores sociales frente a las dictaduras militares, así como también ha aparecido en las movilizaciones y protestas ciudadanas de este año en nuestro país contra la corrupción y a favor de la reforma política. En realidad, no hay esfera de la sociedad en la que -cuando las relaciones sociales se han configurado antagónicamente- no pueda emerger lo político. Por ello mismo, para Mouffe una adecuada comprensión de la política en la sociedad contemporánea atraviesa en principio por la aceptación de “la necesidad de lo político y la imposibilidad de un mundo sin antagonismo”.

Pero hay aquí también algo adicional que es muy importante en  la teoría mouffeana, a saber: Lo político es, a la vez, algo distinto de la política. Mientras que lo político refiere al elemento de conflicto y antagonismo siempre presente en cualquier orden social, la política es el “conjunto de prácticas, discursos e instituciones que intentan establecer un cierto orden y organizar la coexistencia humana en condiciones que siempre son potencialmente conflictivas, ya que se ven afectadas por la dimensión de «lo político»”. En otras palabras, la política intenta cumplir sus fines en un terreno siempre potencialmente conflictivo en virtud de que está atravesado por lo político. O dicho de otra manera: la política intenta domesticar lo político, busca establecer orden donde hay caos, busca crear consenso donde hay división, busca generar unidad donde hay conflicto.

¿Qué importante significado tiene el reconocimiento del antagonismo y de lo político para la teoría y la praxis política?

De manera específica, esto tiene una gran relevancia para comprender adecuadamente la naturaleza e interacción de la política con lo político en un mundo antagónico, siendo también imprescindible aquí para Mouffe otro concepto clave: la hegemonía. Lo explico de esta manera:

1) Todo orden social es de naturaleza hegemónica. La sociedad, dice Mouffe, es “el producto de una serie de prácticas cuyo objetivo es establecer orden en un contexto de contingencia”. Esto significa que siempre existen relaciones de poder en la sociedad, es decir, que no es posible una sociedad más allá del poder como lo plantean algunas corrientes como el anarquismo y el comunismo[4] y que, al mismo tiempo, hay o existen prácticas hegemónicas contingentes que establecen un determinado orden y dotan de sentido a las instituciones sociales.

2) Todo orden social es una articulación contingente de relaciones de poder y, por ello mismo, todo orden es político. Como afirma Mouffe, “la objetividad social se constituye mediante los actos de poder”. Y ya que “cualquier orden es siempre la expresión de una determinada configuración de relaciones de poder”, no hay entonces un orden social que pueda considerarse como “natural” o como “destino” de la humanidad que debe ser aceptado. Todo orden está, pues, impregnado de elementos de contingencia e indecidibilidad; es el resultado de una historia específica y se encuentra carente de un fundamento último. Por ejemplo, la democracia liberal, la socialdemocracia y el socialismo son o han sido, en este sentido, formas específicas de órdenes políticos contingentes en diferentes países y en distintos momentos históricos, pero no hay nada en ellos que permita justificarlos como los únicos modos legítimos de organizar la coexistencia humana.

3) Todo orden social está basado en una forma de exclusión y no puede ser completamente inclusivo. En efecto, tal como mostró Schmitt con base en la distinción “amigo/enemigo”, la exclusión aparece como un elemento determinante al momento en que se constituye una comunidad política. En esa línea, afirma Mouffe, no puede dejarse de lado que “la política supone la construcción de identidades colectivas y la creación de un «nosotros» como opuesto a un «ellos»”. Siguiendo a Schmitt, subraya esta pensadora que no existe ni puede existir ningún “nosotros” sin un “ellos”; la existencia de una comunidad política es posible justamente por la exclusión de un “enemigo” político, trazándose así la frontera entre el “nosotros” y el “ellos”. Así, debemos entender según Mouffe “que el consenso es, y será siempre, la expresión de una hegemonía y la cristalización de unas relaciones de poder”, en suma, “que todo consenso está, por necesidad, basado en actos de exclusión y que nunca puede ser un consenso «racional», completamente inclusivo”.

En esta misma línea, dice expresamente Mouffe, “las cosas siempre podrían ser de otra manera, y por lo tanto todo orden está basado en la exclusión de otras posibilidades”. Y es justamente por esto, asevera esta autora, que todo orden hegemónico es susceptible de ser desafiado por prácticas contrahegemónicas que busquen desarticularlo y, a la vez, instaurar un nuevo o distinto orden hegemónico.

A la luz de estos planteamientos, por ejemplo, la democracia no tiene porqué ser concebida exclusiva ni necesariamente como democrático-liberal. No existe una relación necesaria entre liberalismo y democracia sino sólo una “imbricación histórica contingente”, con lo cual ésta última podría adoptar formas distintas (unas donde el valor de la comunidad sea más importante que el de la libertad individual, por ejemplo). En esta línea, la famosa frase de Margaret Thatcher “No hay alternativa” y el “fin de la historia” postulado por Francis Fukuyama tras el hundimiento del bloque comunista y el predominio y auge del capitalismo neoliberal, se revelan claramente falaces al aceptarse la inerradicabilidad del antagonismo y de lo político así como al reconocer la naturaleza hegemónica, política, contingente y excluyente de todo orden social. Así, en lugar de simplemente aceptarlo como un orden natural, subraya Mouffe, la hegemonía del orden capitalista neoliberal puede ser minada o desarticulada, por ejemplo a través de las prácticas contrahegemónicas de una política emancipatoria.

Culmino esta entrega señalando que, frente a la teoría política liberal y según las ideas y argumentos expuestos, Mouffe aboga pues por la recuperación y la primacía de lo político en la reflexión y el análisis político, considerando además en su modelo pluralista agonista otros elementos claves como el antagonismo, la política y la hegemonía. De acuerdo a esta notable pensadora, ello resulta imprescindible para comprender la naturaleza y el alcance de las tareas y los fines primordiales de la política democrática en las sociedades pluralistas contemporáneas.

A explicar esto con algún detalle y a profundizar en los planteamientos de la política agonista, retomando además en lo atingente la aguda y contundente crítica de Mouffe a los planteamientos de la teoría política liberal, me dedicaré en la siguiente entrega.


Referencias bibliográficas:

Laclau, Ernesto y Chantal Mouffe: Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia. Siglo XXI, Madrid, 1987.

Mouffe, Chantal: El retorno de lo político. Comunidad, ciudadanía, pluralismo, democracia radical. Paidós, Barcelona, 1999.

Mouffe, Chantal: “Por una política de identidad democrática”. Conferencia pronunciada el 20 de marzo de 1999 en el marco del seminario Globalización y diferenciación cultural, organizado por el Museu d’Art Contemporani de Barcelona y el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona.

Mouffe, Chantal: La paradoja democrática. Gedisa, Barcelona, 2003.

Mouffe, Chantal: En torno a lo político. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2007.

Mouffe, Chantal: Agonística. Pensar el mundo políticamente. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2014.


Notas:

[1] Cabe destacar que Mouffe sostuvo una estrecha relación personal e intelectual con el argentino Ernesto Laclau (1935-2014), afamado teórico del populismo, compartiendo ambos muchos supuestos y tesis que -en la ruta de un pensamiento post-marxista y post-liberal- formularon ya en los ochenta en su obra común Hegemonía y estrategia socialista.

[2] Schmitt, uno de los más sobresalientes críticos del liberalismo en el siglo XX, estableció un criterio específico para asegurar la autonomía de lo político respecto de otros ámbitos de la sociedad como la moral, la religión y el derecho. Ese criterio, como es sabido, es la distinción “amigo/enemigo”. Volveré sobre este tema en la siguiente entrega.

[3] La interesante reflexión filosófica de Mouffe sobre “la inevitabilidad intrínseca” y el “carácter irreductible y constitutivo” del antagonismo, así como sobre la renuncia a “la concepción de la sociedad como totalidad fundante de sus procesos parciales”, fue elaborada conjuntamente con Laclau y presentada inicialmente en Hegemonía y estrategia socialista, siendo inoportuno abundar aquí en ellas.

[4] Para Mouffe, la dimensión de negatividad radical manifiesta en el antagonismo “impide la plena totalización de la sociedad y excluye la posibilidad de una sociedad más allá de la división y el poder”. Esto es de especial relevancia para el debate entre el pluralismo agonista y las alternativas políticas que representan el anarquismo y el comunismo. Intentaré abordar este tema en la siguiente entrega.

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06 Oct Del por qué los políticos se involucran en actos delictivos (PARTE I)

Ningún político debería asumir que cometer crímenes de cuello blanco es señal de astucia, inteligencia o habilidad, sino un acto de traición en un país con necesidades sociales tan urgentes.

En el 2014 el expresidente de Guatemala, Alfonso Portillo, se declaró culpable de conspirar para blanquear dinero ante un tribunal federal de Nueva York, en Estados Unidos. Más recientemente, el expresidente Pérez Molina, la exvicepresidenta Baldetti, algunos exministros de Estado, diputados al Congreso, han sido  acusados de haber conspirado y abusado del ejercicio de la función pública para el enriquecimiento propio. 

Los políticos muchas veces toman el riesgo de defraudar la confianza del público y cometer actos contrarios a la ley porque consideran que éstos quedarán impunes, sea por una tipificación deficiente del acto delictivo; o porque los respalda una organización que facilita el crimen y reduce las posibilidades de que el delito sea percibido, investigado o vinculado al ofensor. Los crímenes cometidos por políticos se distinguen del crimen en general porque se utiliza el poder y autoridad otorgados en beneficio propio (individual o de partidos políticos), opuesto al beneficio público. Los criminólogos han definido estas acciones como “crimen de cuello blanco” y estudios recientes proponen un concepto más exacto: “crimen de cuello blanco en la política”.

En Guatemala, recientemente, una combinación de factores extraordinarios, como la acción de CICIG, la indignación ciudadana y la coyuntura electoral, ha llevado a varios ex-funcionarios a enfrentar la justicia como ciudadanos comunes. Estos casos son la punta del iceberg de los “crímenes de cuello blanco” en el país, y nos ilustran la amplia red de tentáculos criminales que facilita la comisión de delitos y que intenta mantenerlos impunes, en los tres poderes del Estado y una red de empresas que se benefician.

¿Por qué los políticos deciden involucrarse en actividades criminales? Los motivos pueden ser de origen interno (individuales) y externo (institucionales, sociales). En este artículo me enfocaré en las motivaciones internas que señalan tres teorías criminológicas para explicar este comportamiento.

En primer lugar, la elección racional . Como individuos tenemos la capacidad de sopesar el riesgo versus el beneficio de nuestras acciones. Los políticos, en general, están en posiciones privilegiadas que les permiten planificar sus acciones, disimular las actividades ilícitas, y sobre todo neutralizar o retardar (dado la inmunidad conferida por el cargo) la persecución civil o penal. Es más, saben que si la ley los persigue pueden no recibir un castigo. Siendo así, resulta por demás tentador para la mayoría abusar de sus puestos para obtener una ganancia personal, ya sea económica o política.

Tomemos como ejemplo el caso del diputado Gudy Rivera quien ha sido denunciado por tratar de influir en la decisión de la magistrada Escobar para obtener un amparo que permitía en ese momento que Baldetti continuara como Secretaria General del Partido Patriota. Diez meses después de realizada la denuncia, la CSJ nombró a un juez pesquisidor para establecer si ocurrió el delito de tráfico de influencias. El diputado fue reelecto para el siguiente período, y su situación legal es aún incierta.

Segundo, el autocontrol . La capacidad de autorregulación está relacionada con saber diferir las gratificaciones, esforzarse por alcanzar las metas, la prudencia, el altruismo, y el análisis de riesgos (éste último relacionado con la elección racional). Los políticos con características de impulsividad, egocentrismo, y escaso análisis de riesgos, cometen “crímenes de cuello blanco”, que de forma más rápida a lo convencional, les permiten obtener beneficios o ventajas individuales, para su carrera, o su partido.

El caso del ex-presidente Alfonso Portillo quien admitió haber recibido un soborno de $ 2,5 millones por parte del gobierno de Taiwán para seguir reconociendo diplomáticamente a la nación asiática, nos ilustra que su decisión pudo haber obedecido al impulso de aceptar una cantidad de dinero que le permitiría mejorar su estilo de vida, aun corriendo el riesgo de ser perseguido penalmente y condenado socialmente por ello.

Tercero. Los políticos, como todo ser humano, necesitan justificar ante sí mismos sus acciones. Es por ello que previo o posteriormente a involucrarse en actividades criminales utilizan técnicas de neutralización. Para mantener una identidad de ciudadano respetable, el criminal de “cuello blanco” tiene que ajustar los estándares de normalidad a través de los cuales la sociedad juzgará su comportamiento. La justificación es vital para comprender cómo un individuo de alto estatus social y que se ajusta a las normas sociales, se involucra en comportamientos criminales, porqué ésta es no sólo la excusa para explicar el comportamiento sino una parte integral de la motivación individual para cometer el delito.

Algunas de las técnicas de neutralización comúnmente utilizadas por los delincuentes de “cuello blanco”, enfatizan en la normalidad y aceptabilidad del comportamiento (“todos lo hacen”). Esto es especialmente cierto cuando entre los políticos, se espera trabajen en beneficio propio y no en favor de la sociedad por la que fueron electos. En estos casos el criminal de “cuello blanco” tratará de mostrar que la ofensa no es un indicador de su verdadera personalidad, sino el resultado del cargo que ocupa.

Asimismo, los criminales de “cuello blanco” tienden a negar el daño de su delito. Es decir, creen que sus acciones no dañaron a nadie (crímenes sin víctimas, opuesto a la delincuencia común) y que por lo tanto no han cometido ningún crimen. También, tratan de transferir su responsabilidad a otros. Por ejemplo, “no hay corrupto sin corruptor”, y por lo tanto todos deben ser condenados (socialmente) por igual. Cuando son perseguidos por la justicia, señalan que se les ataca por razones políticas que no tienen relación con el delito cometido.

Recordemos cómo el ex-presidente Otto Pérez, quien desde que fue identificado como cabecilla de “la Línea” enfatizó que para que ésta existiera forzosamente tenía que haber quien la utilizara (“La Línea 2”) y pidió que también los empresarios fueran señalados e investigados. Así también, declaró que la motivación de la persecución penal de la que es objeto tiene razones políticas y no necesariamente legales. Y ¿Qué decir de Edgar Barquín, quien junto a dirigentes de LIDER señalaron que al tratar de sindicarlo por el delito de lavado de dinero y vincularlo con “Chico Dólar” se estaba judicializando la política? 

¿Cómo hacemos para evitar que el crimen de cuello blanco en la política continúe?

Aumentar los costos/consecuencias. Cuando el Estado y la sociedad miran para otro lado o responden con aparente indiferencia a los crímenes de cuello blanco, quienes se sienten tentados a violar la ley tienen mayor motivación para hacerlo. Por ello debe existir una auditoría social permanente y un sistema de justicia que aplica con celeridad la ley para que todos aquellos funcionarios sindicados y encontrados culpables reciban condenas ejemplares, acordes al delito cometido.

Fortalecer las competencias de los funcionarios. Al momento de asumir el cargo todos los funcionarios deben someterse a un entrenamiento sobre diversas maneras de abordar las situaciones de incurrir en comportamientos criminales a las que están expuestos por el cargo que ostentan. Al hacer parte de sus atribuciones, la remoción de formas de crimen organizado y advertirle que podrían intentar cooptarles, los funcionarios estarían en mejor condición de controlar su comportamiento frente a las amenazas e invitaciones a delinquir y a evitar justificar ese comportamiento.

Condenar socialmente este tipo de comportamiento. El crimen de cuello blanco explota la posición de estatus y traiciona la confianza del público. Pero muchas veces la norma legal y la norma moral no están alineadas. Existe una comprensión a nivel de población de que el político se enriquece ilícitamente y que ello no se puede evitar. La movilización ciudadana debe servir para sancionar moralmente el saqueo de las arcas fiscales, el desmantelamiento de la administración pública y el desprestigio de la política y el servicio civil. Ningún político debería asumir que cometer crímenes de cuello blanco es señal de astucia, inteligencia o habilidad, sino un acto de traición en un país con necesidades sociales tan urgentes. La prensa investigativa, la sociedad civil, los colegios profesionales y los centros de investigación deben actuar como observatorios, centros de denuncia, y medios de divulgación de los actos anómalos.

Finalizo señalando lo evidente. El “crimen de cuello blanco” no es una consecuencia automática de las motivaciones internas aquí expuestas. Existen también factores externos que lo potencian. Éstos serán expuestos en mi próximo artículo.


Notas:
  • A Edwin Sutherland se le atribuye la introducción del concepto de crimen de cuello blanco en el siglo pasado; sin embargo es Friederich, D. quien define el crímen de cuello blanco en la política (2009:147) en inglés political white crime.
  • La teoría de la Elección Racional fue desarrollada por Cornish y Clarke (1986). Algunos estudios que han establecido la relación entre la elección racional y el crimen de cuello blanco: Raymond Paternoster y Sally Simpson (1993, 1996) Weisburd, Waring, y Chayet (2001).
  • La Teoría General del Crimen, basada en el autocontrol del individuo fue desarrollada por Gotfredson y Hirschi (1990). Entre los estudios que han establecido la relación entre autocontrol y el crimen de cuello blanco están: Hirschi y Gotfredson (1989); Piquero, Exum, y Simpson (2005).
  • Las técnicas de neutralización fueron porpuestas por Sykes y Matza (1959). Scotl y Sloan (2009); y Haugh (2014) han realizado estudios sobre el uso de técnicas de neutralización y el crimen de cuello blanco.
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02 Oct Canto contra el pesimismo chapín…

Los últimos meses han representado un punto de inflexión en la historia política guatemalteca. Pocos podían imaginar la capacidad de movilización de la sociedad civil y la presión que esta fuerza plural era capaz de ejercer sobre las estructuras políticas existentes. La reacción de la ciudadanía y su poder a la hora de mantener altos niveles de movilización a lo largo del tiempo no fue anticipada por ningún especialista, pues en la literatura politológica alrededor de Guatemala han destacado –salvo algunas excepciones- el pesimismo y las malas perspectivas sobre el futuro del país.

Los análisis generalmente han hecho hincapié en la poca participación, la baja calidad institucional, los retos asociados a la violencia no política, la fuerza que poseen las estructuras criminales, etc. Poco se ha hablado de la sociedad civil y de la probabilidad de que esta se movilizase poniendo “contra las cuerdas” a toda la élite política. Obviamente, la explosión de los jóvenes, del mundo rural y urbano, en definitiva la explosión de los ciudadanos, no hubiese tenido lugar sin la introducción en el juego político guatemalteco de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG).

Cuando, hace apenas cuatro meses, repasábamos los trabajos desarrollados por los grandes politólogos observábamos una características común para todos ellos: Su pesimismo. Hace diez años, al igual que hace seis meses, para muchos la consolidación democrática parecía imposible. La democracia estaba en riesgo constante. Un claro ejemplo de lo anterior es el trabajo desarrollado por Mitchell A. Seligson para el manual coordinado por Scott Mainwaring y Frances Hagopian The Third Way of Democratization in Latin America. Advances and Setbacks[1]. El capítulo de Seligson, profesor de Ciencia Política y Sociología en la prestigiosa University of Vanderbilt, llevaba por título Democracy on Ice. The Multiple Challenges of Guatemala´s Peace Process.

La hipótesis del autor era clara. A lo largo de su escrito asociaba el aumento de la calidad democrática al cumplimiento de los Acuerdos de Paz firmados en 1996. El incumplimiento de los mismos, evidente en muchas áreas, generaba un problema para el sistema político guatemalteco que dificultaba la tan ansiada mejora.

Bajo esta lógica, si consolidar parece difícil, edificar un sistema político de calidad es sencillamente imposible. Un detalle esencial en este trabajo, que confirma lo expuesto líneas atrás, es el uso del Fitzgibbon Johnson Study of Opinions of Latin Americanist[2]. En el año 2000, para algunos de los mejores especialistas en estudios latinoamericanos, Guatemala era el país -seguido de Haití- con peores perspectivas de la región.

Quince años después, a nivel político la situación no parece la indicada por Seligson y por los latinoamericanistas del Fitzgibbon Johnson Study. Es cierto que gran parte de los Acuerdos de Paz no han sido cumplidos pero nadie puede dudar de la resistencia de la joven democracia guatemalteca y de la mejora en algunos ámbitos. El sistema ha sido capaz de resistir un golpe de Estado, una movilización social violenta –el jueves negro-, un asesinato problemático que puso en jaque al gobierno de Álvaro Colom –hablamos del famoso caso Rosenberg- y por último, la crisis más importante del sistema protagonizada por Roxana Baldetti y Otto Pérez Molina. A pesar de sus debilidades, la arquitectura político institucional ha mantenido el tipo y los derechos y libertades civiles han permanecido en pie.

Esa capacidad de resistencia hace que podamos, a pesar de las dificultades y sin temor a equivocarnos, seguir denominando a Guatemala una democracia liberal. El famoso artículo de Mitchell Seligson indicaba que las posibilidades de que surgiese un conflicto étnico en el país eran altas… Que, además, la cultura política era extremadamente autoritaria y la lógica electoral y política demasiado problemática. Todo ello se dificultaba gracias al aumento de la violencia no política. El movimiento social inaugurado en abril de 2015 parece haber disuelto parcialmente dichos problemas pero debemos ser conscientes de que los retos siguen ahí…

Guatemala es un país políticamente fragmentado. Según Javier Brolo –lo presenta en su trabajo El tamaño importa. Variaciones por distrito en elecciones legislativas en Guatemala (1984-2011)-, Guatemala es un país con 5.5 partidos relevantes. La media para América Latina, la región con mayor fragmentación, es de 4.5[3]. Puede ser un una virtud pero es evidente que países con una elevada fragmentación no funcionan bien y pueden tener problemas en el ámbito de la gobernabilidad.

En relación a la cultura política autoritaria debemos indicar que, a pesar de que Guatemala tiene un alto índice de apoyo a un sistema autoritario, existe luz al final del camino. El Latinobarómetro nos orienta en ese sentido. Cuando se pregunta sobre liderazgos fuertes y partidos únicos las respuestas de los ciudadanos son altamente preocupantes. La gráfica uno muestra –para el año 2013- la opinión que los ciudadanos guatemaltecos poseen respecto de un liderazgo fuerte.

Gráfica 1. Pregunta Latinobarómetro para Guatemala. Grado de acuerdo: Hace falta un líder decidido que se ponga a resolver los problemas.

 Gráfica 1

Fuente. Latinobarómetro 2013. Para más información ver http://www.latinobarometro.org/latOnline.jsp

Casi un 85% de los encuestados desean un líder fuerte –situándose entre el muy de acuerdo y de acuerdo- que solucione los problemas del país. ¿Caldo de cultivo populista? Usted decide…

La gráfica 2 evidencia que, sin embargo, muchos guatemaltecos consideran que el país no debe ser gobernado por un solo partido… Cuando se les pregunta si sólo se le debería permitir a un partido participar en las elecciones el 80% de los encuestados se posiciona entre desacuerdo y muy en desacuerdo. Claramente hay una defensa del pluralismo que se evidencia cuando pasamos a la pregunta sobre la defensa de la democracia.

Gráfica 2. Pregunta Latinobarómetro para Guatemala. Se debería permitir sólo un partido en las elecciones.

Captura de pantalla 2015-10-02 a las 5.14.43 p.m.  Fuente. Latinobarómetro 2013. Para más información ver http://www.latinobarometro.org/latOnline.jsp

La gráfica 3 presenta los datos para 2013 ante la pregunta churchiliana sobre la democracia. Cuando se afronta la afirmación de: La democracia puede tener problemas, pero es el mejor sistema de gobierno, un 75% de la ciudadanía considera estar muy de acuerdo o de acuerdo con la afirmación. Estos resultados no deben tranquilizarnos pues hay un 19% de encuestados que responden a dicha afirmación estando en desacuerdo o muy en desacuerdo. De todas formas, como es evidente, la cifra está posicionada claramente a favor de la democracia.

Gráfica 3. Pregunta Latinobarómetro para Guatemala. La democracia puede tener problemas, pero es el mejor sistema de gobierno. Porcentajes en la respuesta.

gráfica 3

Fuente. Latinobarómetro 2013. Para más información ver http://www.latinobarometro.org/latOnline.jsp

Estos datos muestran que, por el momento, la democracia sigue siendo el sistema de gobierno preferido por los guatemaltecos. Eso, a pesar de los bajos resultados que el sistema ha generado para amplias capas de la población desde su nacimiento hace ya treinta años.

En relación a la violencia no política, otro de los temas importantes, nuevamente podemos ver luz al final del túnel… Los análisis del amigo y colega Carlos Mendoza han sido claros en ese sentido. La violencia no política no ha dejado de bajar desde el año 2008. Las razones pueden ser variadas y quizás se requiera más investigación en ese sentido pero tenemos una conclusión clara: Los crímenes descienden.

La gráfica 4 presenta una curva a la baja. Si la tendencia siguiese así, el país superaría uno de los grandes escollos en su camino hacia la verdadera consolidación.

 Gráfica 4. Evolución de la violencia homicida en Guatemala.

Captura de pantalla 2015-10-02 a las 4.55.24 p.m.

Fuente: Mendoza, Carlos (2014). “Ministros de gobernación: ¿Héroes o villanos?”. En Plaza Pública, 16 de junio de 2014. Ver: http://www.plazapublica.com.gt/content/ministros-de-gobernacion-heroes-o-villanos

Nadie niega que no haya retos. Existen problemas en el ámbito del desarrollo humano, existen problemas en relación a la libertad económica y nuestro posicionamiento en el mercado global, pero los últimos acontecimientos y una serie de datos en defensa de la democracia, en relación a los homicidios, etc., dibujan un escenario más optimista de lo que podría parecer revisando alguna literatura.

El propio Seligson señalaba en su trabajo el aumento de la participación ciudadana. A día de hoy, no parecen existir dudas de que, a pesar de los problemas, la inclusividad del sistema de no ha dejado de aumentar con el paso del tiempo. Guatemala tiene futuro y este futuro está, lo han evidenciado los acontecimientos, en una generación de jóvenes que critica lo que no le gusta. Sólo falta abrir espacios de diálogo para que, entre todos, podamos construir el futuro diseñando mejores instituciones y mejorando con ello la calidad de nuestro joven sistema democrático.

[1] Todo aquel interesado en leer el artículo puede encontrar el mismo en http://ebooks.cambridge.org/chapter.jsf?bid=CBO9780511791116&cid=CBO9780511791116A019&tabName=Chapter

[2] El informe se puede encontrar completo en: http://www2.kenyon.edu/Depts/PSci/Fac/klesner/fitzgibbon/Kelly_LASA_Forum_2002.pdf

[3] Ver página 18 del citado documento. Se puede encontrar en: https://javierbrolo.files.wordpress.com/2012/07/el-tamano-importa.pdf

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24 Sep Los siete pecados capitales del Estado de Guatemala

Los próximos años serán de reflexión y, si se dan las circunstancias (esperemos), de reformas. Para contribuir al diálogo sobre qué cambiar y cómo cambiarlo, he aquí un listado de los defectos más graves, muchos de ellos de origen y diseño, de la cosa pública guatemalteca. No son cambios en sí, sino aspectos sobre los que poner la atención y debatir. Una misma reforma, como el agudo lector podrá observar, puede atacar a varias de estas imperfecciones. He aquí un repaso sucinto e introductorio de deslices pecaminosos comunes en el país de la eterna primavera.

1. Primer pecado, el Corporativismo. La manera en la que el sistema se ha protegido a sí mismo es cediendo espacios institucionales a grupos de poder. Algo así como amarrarse cuerdas para subir la montaña, y si cae uno caen todos ¿Qué hace el CACIF (que es un grupo de presión) representado en toda junta directiva y consejo existente en entidades del Estado (y creando así un claro conflicto de intereses)? ¿Por qué la Universidad de San Carlos es la que elige quién debe estar dentro de las instituciones públicas y no criterios de meritocracia establecidos por la propia institución? ¿Por qué hay ONGs tan influyentes a la hora de marcar la dirección de ciertas políticas públicas? Las burocracias fuertes tienen sistemas de selección no corporativistas y funcionan sustancialmente mejor. Si se aspira a cambiar el sistema no será a través de darle un espacio a distintos actores colectivos (por mucho que nos puedan parecer mejores a los que ya están dentro) sino a través de fortalecer a la gente que trabaja en la función pública, no a aquellos que se aprovechan de la misma desde fuera.

2. Segundo pecado, la Corrupción. Quique Godoy lo ha llamado Pistocracia. El término es poco riguroso, pero ilustra bien que el saqueo del presupuesto es una de las características fundamentales del sistema. Los arreglos entre niveles y ramas del gobierno se hacen por medio de transacciones monetarias o de favores al margen de la ley. El motor es el hueso, el contrato, las plazas y todo actor político lucha por su parte del pastel. No significa que no haya agendas políticas, pero éstas suelen negociarse a través del poderoso caballero. Los diputados pagados por Baldizón son muestra de ello.

3. Tercer pecado, el Clientelismo. La politización del sistema de profesionales trabajando en el Estado es una de las causas del anterior pecado, pero merece ser considerado aparte porque es además una de las principales razones de su ineficiencia. El aparato administrativo es controlado por el Presidente, pero la máquina que comanda está estropeada. Las personas que se eligen por afinidad sólo son profesionales aptos de casualidad y, por lo tanto, no suelen serlo. Los siguientes líderes políticos tendrán que considerar si prefieren tener el control de un carro defectuoso o perder la posibilidad de pagar con puestos favores políticos a cambio de un vehículo que sí lleve a algún lugar. Sacrificar influencia personal por eficiencia institucional.

4. Cuarto pecado, la vulnerabilidad del empleado público. La fragilidad laboral es el rasgo fundamental de trabajadores del Estado. Entrar por cuello significa salir cuando los vientos políticos cambian y en Guatemala cambian con frecuencia. En los casos en los que se ha optado por un blindaje vía contratos 011 (permanentes), los dirigentes entrantes tienen la posibilidad de hacer la vida difícil a los empleados públicos que, además, tienen cortada por lo general la posibilidad de subir de posición. En los demás casos la rotación es la práctica natural. Para las personas que son despedidas de su trabajo, si quieren seguir en la burocracia, el ciclo de supervivencia a través de clientelismo político y favores personales comienza de nuevo.

Los que están en la cúpula no se salvan de sufrir de manera parecida. Ministros salientes conservan en sus casas cajas repletas de documentos por si políticos en el sistema (que se verán al salir en una posición similar) desean perseguirles vía Contraloría y demás mecanismos de fiscalización. Los ejemplos son numerosos y apuntan a la misma dirección: poca gente en la cosa pública vive tranquila, centrada en su trabajo y con perspectivas de mejora dentro del aparato público.

El miedo y la inseguridad con la que viven buena parte de los trabajadores estatales está íntimamente relacionada con otro gran pecado, la excesiva y vertical jerarquía, desgraciadamente el modelo organizativo más común en Guatemala tanto en lo público como en lo privado. Esconderse bajo la protección de un cacique es la arriesgada (que se lo digan a los protegidos de Roxana Baldetti) salida que muchos encuentran para sobrevivir. El miedo también explica buena parte de la sindicalización de trabajadores, que encuentran en organizaciones a las que no necesariamente son afines un asidero del cual agarrarse.

5. Quinto pecado, el Legalismo Formalista. La administración guatemalteca es un constructo de abogados. Nada en contra de que haya leyes que vertebren la acción pública pero éstas, siguiendo la tradición napoleónica heredada de la Colonia es de una especificidad en muchos casos absurda. La administración del Estado descansa sobre la noción de que el funcionario hace únicamente lo que la legislación le permite pero esto, tomado desde una perspectiva formalista estricta, es un imposible peligroso, pues la ley va a tener siempre sus límites a la hora de contemplar las múltiples situaciones a las que se enfrenta todo funcionario. Pensar que primordial o exclusivamente las ciencias jurídicas van a resolver problemas administrativos vía la prohibición de las prácticas que no nos gustan es una de las mentalidades que han hecho más daño a nuestro país. El gremio de abogados ha capturado al Estado guatemalteco, o mejor dicho, lo ha hecho a su imagen y semejanza.

La consecuencia lógica de esta forma de gerenciar, es la arbitrariedad y el engaño, el buscarle vueltas a la ley. Solo como ejemplo ilustrativo: Para abrir nuevas plazas en el Estado, el Reglamento Orgánico Interno de un Ministerio debe ser modificado. El proceso es tan largo, complejo y corporativista que el sistema ha inventado mecanismos para esquivarlo. He ahí que aparecen los contratos 029 y 189 , entre otros que sirven para incorporar nuevo personal al servicio público sin ser legalmente servidores públicos. Si el candidato presidencial Jimmy Morales, como está diciendo, piensa en eliminar parte de los 029 debe tener en cuenta que sirven para generar plazas fantasma, pero también para incorporar a los profesionales más cualificados que tiene el Estado.

6. Sexto pecado, la falta de data, información y análisis y su consecuencia inevitable, el guatebolismo. Hubo un tiempo, parece ya muy lejano, en el que el Presidente Otto Pérez Molina disfrutaba delante de los micrófonos. En su papel de portavoz de gobierno se gustaba frente a los medios de comunicación y de vez en cuando nos regalaba alguna que otra afirmación contundente, normalmente dicha con aplomo militar. En una ocasión, preguntado sobre el impacto del narcotráfico en el país, se atrevió a revelar una cifra a todas luces alarmante. Según información de las unidades de inteligencia, manejada dentro de su gobierno, el 45 % de la tasa de homicidios estaba relacionada directa o indirectamente con el narcotráfico.

Una investigación minuciosa del asunto no arroja luz sobre metodologías aplicadas y resultados obtenidos. La realidad es que a día de hoy no existe un dato medianamente certero sobre esa clase de impacto, bien pudiera ser más del 45%, o, como algunos intuyen, bien pudiera ser que una cifra sustancialmente menor. Lo que es seguro es que el entonces Presidente de Guatemala habló sin respaldo, llevado quizá por el incentivo de sobredimensionar un problema que era de su interés en ese momento.
Si no generamos mejores sistemas de información, si el guatebolismo sirve como eje vertebrador de las políticas públicas, de su diseño y ejecución, las consecuencias serán tan devastadoras como el clientelismo y la corrupción.

7. Séptimo pecado, la falta de continuidad. Bien es sabido que un funcionario que deja su puesto borra toda información de su computadora y en raras ocasiones le traslada lo que ha estado haciendo al funcionario entrante. La altísima rotación de personas en los puestos genera una suerte de Alzheimer institucional, dando lugar a que los nuevos equipos de trabajo deban aprender todo de nuevo para empezar a operar. Las reformas deberán pensar en mecanismos de depuración pero también en maneras de generar memoria institucional para evitar esfuerzos que, además de caros, son inútiles.

¿Existe la redención para estos pecados? Sin duda. El camino hacia la profesionalización, la transparencia y la eficiencia ha sido recorrido por otros países antes que Guatemala, pero no llegará sin penitencia, y ésta comienza con una reflexión abierta y honesta sobre lo que hemos hecho mal. La depuración de políticos es una gran catarsis, pero es un callejón sin salida si no nos arrepentimos de nuestras faltas y hacemos un esfuerzo por cambiarlas. La penitencia…la dejaremos para otro artículo.

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21 Sep Elecciones Presidenciales 2015 en Guatemala: comportamiento del voto agregado

Debemos iniciar con una advertencia metodológica. El comportamiento electoral se suele analizar a nivel del individuo, en sociedades donde se cuenta con data proveniente de encuestas el mismo día de las elecciones. De esa forma se puede conocer algunas características demográficas y socio-económicas de los votantes y asociarlas con su preferencia electoral. Sin embargo, en el caso de Guatemala no tenemos suficiente información para inferir, por ejemplo, cómo votan las mujeres mayores de 40 años que viven en zonas urbanas. Tampoco podemos determinar si los que prefieren a partidos de izquierda son personas pobres del área rural, que se identifican a sí mismos como indígenas. Una problemática similar enfrentamos para el estudio de la violencia homicida respecto al perfil de los victimarios.

Al carecer de esos datos individuales, debemos limitar nuestro análisis a los municipios o departamentos (distritos electorales) donde lo que observamos es el comportamiento ya agregado de los votantes. Así corremos el riesgo de caer en la conocida falacia ecológica, según la cual se les atribuye a los individuos el comportamiento del grupo al cual pertenecen. Por otro lado, debemos reconocer que el voto que finalmente importa es el agregado, pues es el que decide cómo se distribuye el poder en una democracia. Como sabemos, es el comportamiento de las mayorías el que define los resultados que en este caso deseamos comprender.

Guatemala tuvo elecciones generales el recién pasado 6 de septiembre. Se eligieron candidatos para los cargos de Presidencia y Vicepresidencia de la República, diputados al Congreso (158), integrantes de las corporaciones municipales (338 alcaldías), y diputados al Parlamento Centroamericano. En este breve análisis nos limitaremos al comportamiento del electorado respecto a candidatos para la Presidencia del Organismo Ejecutivo, pues se requiere de una segunda vuelta el próximo 25 de octubre para determinar por mayoría absoluta a un ganador. Los contendientes son Jimmy Morales del partido FCN Nación (empresario y comediante, cuyo partido fue creado en 2008 por militares veteranos del conflicto armado interno) y Sandra Torres de UNE (social demócrata y ex Primera Dama de la nación, 2008-11). Esta última logró pasar al balotaje después de una reñida competencia con Manuel Baldizón del partido LIDER, a quien derrotó por un estrecho margen de casi 18 mil votos.

Al ser Guatemala un estado unitario, los candidatos compiten por votos individuales, no por colegios electorales o votos asignados a las regiones de acuerdo alguna regla de proporcionalidad. FCN obtuvo casi un 24 por ciento de los votos válidos, mientras que UNE llegó casi al 20 por ciento. La diferencia entre ambos fue de unos 200 mil votos, menos del 3 por ciento del electorado, que sobre pasa los 7 millones 500 mil. Esa (des)ventaja es menor a la de votos nulos o en blanco registrados por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) en la presente elección, en la cual se rompió record de asistencia con más del 71 por ciento de participación a nivel nacional.

La distribución geográfica del voto, según los municipios donde uno de los dos partidos en aún contienda aventajó al otro se presenta en el siguiente mapa. Nótese que no se trata del partido vencedor en términos absolutos, sino relativos, por lo que la intensidad del color indica qué tanta ventaja sacó uno sobre el otro.

mapa diferencias UNE vs FCN 1a vuelta 2015 con 338 munis

Como se puede observar, la UNE fue superior en casi toda la zona conocida como la Franja Transversal del Norte, que va desde el Caribe hacia México. Región muy alejada de la Ciudad de Guatemala, en todo sentido: geográfica, cultural y económicamente.  El FCN dominó en casi todas las demás regiones del Oriente, Sur y Centro del país, así como en buena parte del Altiplano Occidental, la más urbanizada. Su principal bastión, no obstante, fue el departamento de Guatemala, donde aventajó a la UNE por casi 270 mil votos (107 mil de diferencia sólo en la Ciudad Capital).

Las elecciones se dieron en un contexto muy particular, uno de alta politización ciudadana, tras 20 semanas de protestas pacíficas para pedir la renuncia de las máximas autoridades del Poder Ejecutivo, después de los escándalos de corrupción en las aduanas y el seguro social. Finalmente, la movilización de cientos de miles de personas alcanzó sus objetivos. Tan sólo días antes de las elecciones Otto Pérez Molina había renunciado al cargo de Presidente de la República para enfrentar la justicia, como un ciudadano común y corriente, al igual que los hizo su ex vicepresidente algunos meses atrás.

Dichas manifestaciones anticorrupción ocurrieron especialmente en los centros urbanos del país, donde habita la clase media con acceso a redes sociales facilitadas por el Internet y a medios alternativos de comunicación social, como la televisión por cable. Estos medios de interacción, se plantea, jugaron un papel fundamental para explicar la bochornosa derrota de Manuel Baldizón, candidato que al principio del año era el puntero indiscutible en las encuestas, debido a sus exorbitantes gastos de campaña, incluso antes que las elecciones fueran convocadas formalmente. Las redes sociales convirtieron su lema de “Le Toca” (ser el Presidente por haber quedado en segundo lugar hace cuatro años) en un rotundo “No te toca” que se tradujo en el voto a favor de Jimmy Morales, el candidato novato, ajeno al sistema político que estaba siendo cuestionado por la sociedad civil en su conjunto.

Más allá de esa coyuntura política electoral, es importante explorar factores de carácter estructural que nos puedan dar indicios del comportamiento que podría persistir en la segunda vuelta con mayor facilidad. Por ejemplo: ¿Qué nos dicen otras variables, como la etnicidad y el nivel de desarrollo urbano respecto a la distribución geográfica del voto? Veamos el siguiente gráfico de barras, donde se presenta el número de votos que recibió cada partido (FCN vs. UNE), según el porcentaje de población indígena que el Censo de Población 2002 registró en cada municipio, controlándose por el nivel de urbanización que el Instituto Nacional de Estadística (INE) estableció para fines del mismo censo.

UNE vs FCN x porcentaje pob indigena control x urbanizacion 1a vuelta 2015

Nota: para facilitar el análisis, los municipios se clasificaron en 4 grupos de acuerdo con la respectiva distribución de percentiles (25, 50 y 75).

Dos tendencias son bastante claras en el gráfico. Primero, en los municipios menos urbanizados (o más rurales), no importa el porcentaje de población indígena, el voto agregado favorece a Sandra Torres. La diferencia a su favor parece ampliarse en la medida en que crece la población indígena. Segundo, en los municipios más urbanizados (o menos rurales), tampoco importa el porcentaje de población indígena porque el voto agregado tiende a favorecer a Jimmy Morales en todos, especialmente en municipios con 3 a 27  por ciento de población indígena, como es el caso de 8 municipios del Departamento de Guatemala.

En los municipios con niveles intermedios de urbanización (del 15 al 46 por ciento), el comportamiento es más ambiguo. Sin embargo, en aquellos con alto porcentaje de población indígena el voto aún favorece a Sandra Torres. ¿Cómo se explica esto? Sabemos que la población indígena vive mayoritariamente en zonas rurales y pobres del país, las cuales fueron beneficiadas durante la Administración del Presidente Álvaro Colom, cuando Sandra Torres era la Primera Dama de la Nación y coordinaba precisamente los programas sociales que llegaron a esta población antes ignorada por el Estado. El partido UNE, cuando estaba en el poder (2008-11), no sólo implementó los programas de transferencias condicionadas que, entre otros logros, aumentaron la cobertura educativa, sino que tuvo un impacto importante en la inclusión de las mujeres indígenas a la vida política del país. Para que las mujeres pudieran ser beneficiarias por la ayuda gubernamental, era indispensable que contaran con documento de identificación y estuvieran registradas en el padrón electoral. Está expansión de la ciudadanía, tanto en términos cuantitativos como cualitativos, tiene mucho por explicar sobre los resultados de esta elección, en la cual ya pudo participar Sandra Torres, pues hace cuatro años se lo impidió una cláusula constitucional de parentesco.

El siguiente gráfico resume muy bien el argumento, que luego deberá ser evaluado econométricamente, porque en los municipios donde hubo una mayor cantidad de familias beneficiadas por los programas sociales, el triunfo electoral de la UNE y su candidata fue contundente. Al FCN le aventaja por más de 120 mil votos en dichos municipios.

mi familia progresa vs num votos 2015 para UNE FCN LIDER en munis

Nota: agradezco a Enrique Naveda de Plaza Pública por facilitarme la base de datos de Mi Familia Progresa, que él y Javier Fortín utilizaron para su artículo publicado en Espacios Políticos (2012), titulado “¿Inciden las transferencias condicionadas en las elecciones?” Año V, Número 6, pp. 27-48.

En conclusión, este análisis exploratorio parece indicar que factores estructurales interactúan con la coyuntura política para explicar el resultado electoral. La división urbano-rural del país seguirá jugando un papel importante en las elecciones 2015. El votante rural beneficiado por los programas sociales en 2008-11 parece comportarse con reciprocidad a favor de Sandra Torres. Está por verse si el votante urbano, ya aliviado por la derrota anticipada de Manuel Baldizón (visualizado como un político comprometido financieramente con intereses particulares), mantiene su preferencia por un candidato sin experiencia alguna, a la hora de evaluar quién le pude resolver problemas fundamentales como el de la inseguridad y la falta de oportunidades de trabajo.

PD. Mapa fue actualizado con algunos cambios, incluyendo ahora los 338 municipios (1 oct. 2015).

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21 Sep Un espacio para el debate público informado en Guatemala

Vivimos en la era de la abundancia de la información y del conocimiento, atestiguando a la vez su veloz difusión a través de los mecanismos tradicionales y las redes sociales. Estos rasgos de la sociedad contemporánea, paradójicamente, han reforzado en general la complejidad, la confusión y la incertidumbre en la toma de decisiones de los individuos y las organizaciones. La producción y el uso del conocimiento, particularmente en lo que respecta al abordaje de los problemas públicos, se han vuelto así un asunto imprescindible y de primer orden en la formación de la opinión pública y en los procesos decisorios en los sectores público y privado.

Para el caso de Guatemala, son muchas las áreas y ámbitos en los que se manifiesta claramente la urgencia y necesidad de motivar la reflexión colectiva y basar las decisiones políticas en la evidencia disponible. Los ejemplos sobran pero baste aquí mencionar los casos de la política de seguridad y de la política de drogas, en los que el uso de la evidencia por parte de las autoridades sigue quedando al margen con lamentables consecuencias para la ciudadanía -probablemente en virtud de satisfacer exclusivamente sus intereses políticos-.

En realidad, el sistema político, los medios de comunicación y la opinión pública de nuestro país nos tienen acostumbrados en general a afirmaciones gratuitas, políticas sin diagnóstico previo y soluciones improvisadas. Ahora que estamos en el marco de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, por ejemplo, el ejercicio de leer los planes de gobierno no hace sino ponernos más nerviosos. El listado de afirmaciones genéricas e insustanciales nos habla de partidos políticos que, en realidad, trabajan sobre la marcha y prestan poca atención a la planificación basada en evidencia. Los medios de comunicación, por su parte, poco hacen por elevar el nivel del debate, por criticar fundadamente las propuestas y por servir como correctivo de mentiras e inexactitudes.

Tras los recientes sucesos políticos y la sustitución de las principales autoridades políticas del país, Guatemala atraviesa actualmente por uno de los momentos más interesantes de su historia. Una serie de importantes reformas políticas están ya sobre la mesa o serán sometidas pronto al examen y discusión pública. En Diálogos, Asociación Civil, creemos que esta coyuntura debe dar lugar a la circulación e intercambio de ideas y propuestas, pero no de cualquier manera. Éstas deben estar fundadas en una pretensión de objetividad, en los mejores datos disponibles y en marcos teóricos rigurosos. Las respuestas adecuadas a cualquier problema público sólo llegan tras el cuestionamiento y la crítica informada. Para eso Diálogos, Asociación Civil, se constituye como un espacio donde intercambiar ideas y propuestas frente a los problemas públicos en Guatemala. Somos, ante todo, un grupo de profesionales que, más allá de su diversidad ideológica y su pluralidad disciplinaria, comparte la visión de que el abordaje adecuado de los problemas sociales y políticos del país atraviesa por el uso de la evidencia disponible y que quieren contribuir a la reflexión colectiva y el debate público sobre los mismos.

En Diálogos, Asociación Civil, creemos en facilitar un ambiente de debate público serio, plural e informado; en realizar aportes específicos a la opinión pública y para la reflexión de los actores políticos desde nuestra calidad de académicos e investigadores; y en formular también, cuando así sea necesario, cuestionamientos rigurosos sobre aquellas ideas y propuestas lanzadas por otros colegas a la discusión pública.

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