Diálogos | El Poder Oculto en la Conciencia
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10 Mar El Poder Oculto en la Conciencia

En la Guatemala actual, a través de los medios de comunicación, cada día recibimos noticias que manifiestan los desajustes de la sociedad guatemalteca, entre ellos se destacan la violencia, la pobreza, la migración, la corrupción, los robos y asaltos. En las expresiones cotidianas es común escuchar frases tales como: “No hay justicia”, “la Policía son los mismos que roban”, “los Derechos Humanos defienden a los mismos ladrones”, “los políticos son unos mentirosos y corruptos,” entre otras expresiones.

Al recorrer algunos lugares de Guatemala lo más común es encontrar basura. Mucha de ella es de plástico, hay un sinfín de bolsas por todos lados. No hace falta ir muy lejos, cada quien lo puede observar por donde transite, y no dudo que se encontrará con algo de esto. En pleno corazón de la capital de Guatemala, se puede dar un recorrido entre las zonas 3 y 7 de la ciudad para encontrarse con la realidad que allí se vive. En la cercanía de los pueblos y adentrándose en las montañas, los ríos están contaminados por las aguas negras, o por desechos sólidos.

Quizá la primera reacción que usted tenga como lector sea decir: “eso ya se sabe”, “nadie hace nada”, “lo mismo de siempre”. O quizá su reacción sea distinta. No obstante, con estos aspectos lo que intento generar es la reflexión y el análisis sobre tres elementos fundamentales que se entrecruzan con estas problemáticas: 1) Las funciones de las instituciones, 2) Las actitudes de las personas, y 3) El concepto que se tiene sobre la vida.

1) Las funciones de las instituciones: El descontento que se manifiesta respecto a estas tiene que generar el cuestionamiento del sentido mismo de las instituciones. Cuando los medios institucionales ha perdido su propia credibilidad es porque ya no están sirviendo para lo que se han constituido o nunca han funcionado para el servicio del bien común. Hay un desajuste entre el deber ser y el hacer.

2) Las actitudes de las personas: Las manifestaciones de muchas personas son tan variadas, aunque la actitud más generalizada es la indiferencia, al no comprometerse. Por lo general se espera que los otros cambien, que los otros hagan. Hay, entonces, un quebrantamiento de la confianza en las instituciones, como la escuela, los centros de justicia, los centros de salud, y el resto de las instituciones políticas y económicas.

3) El concepto que los guatemaltecos tenemos de la vida: Es un concepto que cobra relevancia, se trasluce en el individualismo, no en lo colectivo. No importa a quién se debe dañar para obtener lo que se quiere. No importa que los otros sufran si yo no sufro, por ejemplo, no importa tirar mi basura donde sea, con tal de no llevarla conmigo. No importa transgredir con tal de alcanzar lo que yo quiero.

Las preguntas que nos ayudarían generar una reflexión más extensa son las siguientes: ¿Qué país se ha construido para los que vivimos aquí?, ¿Qué país queremos para el futuro de las nuevas generaciones?, y ¿Quién lo ha decidido por nosotros?

Las instituciones son sólo un medio para la propia organización y dinamización de los seres humanos en sociedad. El fin, sería el aspecto que nos enlaza al cuestionamiento. Si las instituciones terminan siendo los fines últimos de la vida de los seres humanos, se retrocederá en la amplitud de las capacidades humanas: creatividad, innovación, productividad, y entonces podemos estar en el peligro de ser víctimas de las propias instituciones, porque igual terminan siendo un sistema organizado establecido para manipular nuestras conciencias, para funcionar de determinada manera, ¡si de eso no hay conciencia! Todo pareciera normal a nuestro alrededor. Nos parece normal que la propia infraestructura de los centros educativos estén en pésimas condiciones, que la formación de los educandos sea deficiente, que los centros de salud estén sin los recursos básicos, incluso nos parecer normal el autoritarismo de quienes ocupan los espacios de responsabilidad y servicio.

La invitación sería aprender a cuestionar lo que está establecido, lo normalizado y evitar normalizar lo que nos destruye lentamente. Cuestionemos lo establecido y evitemos ver lo normalizado como una realidad inamovible. Al actuar como que no sucediera nada, terminamos siendo víctimas sin darnos cuenta de lo que yo llamaría el individualismo engañoso: el creer que uno no es afectado cuando tira la basura en cualquier lugar, cuando contamina los ríos, cuando se destruyen los bienes públicos, sin darnos cuenta que es una trampa de la llamada modernidad, como diría Zygmunt, B. (2005) “el residuo es el secreto oscuro y bochornoso de toda producción”, “los basureros son los héroes olvidados de la modernidad.”

Pongamos otro llamado de atención en este análisis: ¿Por qué los seres humanos nos portamos con esos desajustes, es decir, tirando basura y contaminando ríos?, ¿Por qué hay gente que roba?, ¿Por qué hay gente que vive en la miseria mientras otros lo hacen en la abundancia? Unos dirían que es por la falta de educación, o que unos tienen suerte y otros no, que es cuestión del destino, o simplemente es voluntad de Dios. A esto, le llamo el consuelo falso con el que muchas personas aquietan su indignación, y opacan su capacidad de crear una vida diferente encaminada a la dinamización de ese ideal de equilibrio vital.

Quizá el paso siguiente que se tiene que dar es preguntarnos, ¿Cómo nos formamos los conceptos de lo que somos, vivimos y actuamos?, ¿Cómo los adquirimos?, ¿Qué ha moldeado lo que cada uno es? De nuevo, cuestiono: ¿Qué es lo que está establecido para nosotros como sociedad a nivel de institucional, a nivel político, económico y social?, ¿Quiénes o qué hace que nosotros pensemos y actuemos de determinada manera? Y ¿Cómo se sigue perpetuando aspectos como la pobreza y la violencia?

Un punto clave es vernos como creadores, como actores de nuestra sociedad, es decir, ser sujetos y no objetos, agentes y no sólo receptores. Es diferente ser parte de una sociedad y no sólo un número en la sociedad. Ahora estamos en un nuevo año, un nuevo gobierno, una nueva coyuntura, un nuevo ciclo que se traza para Guatemala. Sería bueno preguntarse: ¿Qué tipo de sociedad queremos los guatemaltecos?, ¿Qué capacidades tenemos?, ¿Qué elementos tenemos para hacer de Guatemala una sociedad distinta a la de ahora? Se nos plantea el desafío de activar nuestra conciencia y estar despiertos ante “la sociedad que se apodera de la imaginación particular del individuo, dejándola manifestarse sólo en y a través de sueños, la fantasía, la transgresión y la enfermedad. De ese modo el sujeto no pensará ni imaginará más que lo socialmente es obligatorio pensar y hacer”-Castoriadis, citado por Dittus, (2006)-.

He partido de forma muy general, pero continuaré en aspectos más puntuales en los próximos artículos.
Referencias:
Castoriadis, C. (2010), Institución Imaginaria de la Sociedad. 1a. ed.1a. Reimpreso en Buenos Aires Argentina.
Bauman, Z. (2005) Vidas Desperdiciadas: La Modernidad y sus Parías. Barcelona, España.
Ibáñez, T. (2005) Contra la dominación, Barcelona, España.

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Carmelita Ixcol
cixcol@dialogos.org.gt

Maya K´iche, Doctora en psicología Social, con Maestría en Investigación en psicología social (Universidad Autónoma de Barcelona, España), Maestría en Derechos Humanos y licenciatura en Piscología Educativa (Universidad Rafael Landívar). Ha investigado sobre violencia colectiva, específicamente los linchamientos en Guatemala. Actualmente trabaja una propuesta educativa para la prevención de la violencia en Guatemala.

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