Diálogos | La corrupción y la política pública: ¿Dónde queda el desarrollo humano?
Surge una dinámica que pervierte los objetivos de la intervención del Estado: la corrupción. Es el resultado de fallas al interior de la sociedad en la jerarquía del bienestar general sobre el individual
Corrupción, desarrollo humano, Amartya Sen, Odebrecht
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07 Mar La corrupción y la política pública: ¿Dónde queda el desarrollo humano?

Desde hace cuatro décadas, el economista Amartya Sen ha señalado la importancia de las capacidades humanas en el bienestar social. Su trabajo ha sido de tal importancia, que no sólo se ha convertido en un referente académico de la noción de desarrollo, sino que ha contribuido a la construcción del modelo multilateral del desarrollo desde las Naciones Unidas (PNUD), siendo a su vez, una inspiración a la política pública de diferentes países alrededor del mundo. En su libro Elección Colectiva y Bienestar Social (1976), Sen plantea que la libertad humana está relacionada con las posibilidades del ser humano de desarrollar el potencial de sus capacidades. En este sentido, la visión humanista del desarrollo de Sen enmarca en la emancipación del individuo de la ignorancia, el hambre, la enfermedad entre otros. Y así, la cúspide de la libertad humana es el elemento medular del avance social.

De acuerdo con Sen, cada persona posee una combinación particular de preeminencias que si son cultivadas conducirán en conjunto al máximo aprovechamiento de las potencialidades humanas, y por tanto, la expansión del conocimiento y florecimiento de grandes progresos humanos: aquel diestro en la pintura logrará con color bellos lienzos armonizar, el gran maestro podrá capturar la belleza de la música en cada nota, el inquieto por la ciencia logrará avances en todos los campos del saber, el  atleta logrará con cada zancada romper las barreras temporales de las marcas y el arquitecto dará estética a cada espacio.

La visión holística del desarrollo humano de Sen se materializa en la planeación y ejecución de la política pública. En la cual, la participación del Estado juega un rol fundamental en garantizar a todos ocuparse del impulso de sus capacidades. Es así como, la provisión de bienes públicos como educación, salud, infraestructura, seguridad y justicia entre otros; permiten superar la inequidad por disparidades en el ingreso y otras fallas de la economía de mercado en pro del bienestar general. En este escenario, los ciudadanos generan valores de apropiación e identidad que a su vez puede conducir a un conjunto de valores sociales de esfuerzo personal aunado a la prioridad del bien colectivo sobre el particular.

Sin embargo, surge una dinámica que pervierte los objetivos de la intervención del Estado: la corrupción. Un sistema corrupto es el resultado de fallas al interior de la sociedad en la jerarquía del bienestar general sobre el individual. Lo que no entienden aquellos que participan de esta actividad, es el impacto del perjuicio producido, pues, la corrupción es un germen que horada las libertades humanas al imposibilitar el debido curso de la ejecución de la política pública. Así, el que roba la riqueza nacional no solamente está apropiándose del dinero de los contribuyentes, sino también está despojando a un niño de encontrar un promisorio futuro mediante su educación, la dignidad a un paciente que busca la cura de su enfermedad y le arrebata a toda la sociedad en su conjunto la posibilidad del avance en todas sus dimensiones.

“Sin embargo, surge una dinámica que pervierte los objetivos de la intervención del Estado: la corrupción. Un sistema corrupto es el resultado de fallas al interior de la sociedad en la jerarquía del bienestar general sobre el individual”

En Colombia la corrupción ha sido una práctica continua que combinada con el conflicto armado interno ha constituido medio siglo de atrasos en el desarrollo humano de los colombianos. En esta oportunidad, quiero llamar la atención sobre dos escándalos de corrupción. El primero, fue conocido como Agro Ingreso Seguro (2009) por el nombre del programa del gobierno en el que se generó la corrupción; éste programa tenía como objetivo disminuir la desigualdad en el campo por medio de subsidios a la actividad agrícola para campesinos con pequeñas extensiones de tierra. En este caso fue encontrado como principal responsable el exministro de agricultura Andrés Felipe Arias, pues el programa terminó favoreciendo a grandes terratenientes en el Magdalena y Valle del Cauca que fraccionaron sus grandes territorios para cobrar subsidios por pequeñas parcelas. Arias fue declarado culpable por la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia el 3 de julio de 2014 por los delitos de peculado y firma irregular de contratos. Actualmente es pedido en extradición al gobierno norteamericano debido a que desde el fallo se encuentra en dicho país.

Al parecer, no era claro para los que participaron en los desvíos del subsidio Agro Ingreso Seguro que Colombia es un país con una alta concentración de la propiedad de la tierra, que históricamente ha evadido la discusión de una reforma agrícola que propicie la equidad. Además, que los mayores rigores de la violencia los han sido sufrido las poblaciones de las zonas rurales. Y que, por tanto, los colombianos en el campo no avizoran el concepto de desarrollo porque ni siquiera se les han garantizado los derechos humanos. Estas condiciones, al parecer fueron invisibles a los ojos del exministro a pesar de sus altos niveles de estudios en economía y de los hacendados que participaron de los subsidios.

El segundo caso que llama la atención involucra a la firma de ingeniería brasilera Odebrecht, foco de un escándalo de corrupción global consistente en sobornos a funcionarios públicos en diferentes países del mundo con el fin de obtener beneficios en la adjudicación de licitaciones en su mayoría de obras públicas. Las actividades de esta firma, fueron puestas a la luz pública por parte del gobierno norteamericano, pero enseguida puso en la mira a los contratos de esta empresa en proyectos en Latinoamérica.

En Guatemala, el entramado caso de Odebrecht surgió en la cúpula del Partido Patriota, cuando en el 2012 se aprueba con urgencia nacional el préstamo de 384 millones de dólares para la construcción de la carretera de Escuintla a México por la empresa brasileña. A pesar de la evidente invisibilidad del proyecto no se ha generado ninguna sentencia. El portavoz de dicha iniciativa, entonces ministro de Comunicaciones Ajejandro Sinibaldi se encuentra prófugo de la justicia por otro caso de corrupción. El escándalo se queda sin resolver, demostrando la complicidad de distintos sectores y niveles de gobierno.

Al igual que en Guatemala, las actividades de Odebrecht en Colombia están relacionadas con proyectos de infraestructura, en este caso la construcción de la Ruta del Sol. Dicha obra busca conectar Río de Oro-Aguaclara-Gamarra y la integración de los municipios de la región del Catatumbo una región que históricamente ha contado con escasa presencia del Estado debido a ubicación de grupos insurgentes para beneficiar directamente a una población de 220 mil habitantes. Actualmente se encuentra paralizada debido a este escándalo.

Como en ambos países, la empresa Odebrecht pagó a lo largo y ancho de la región sobornos en México por 10.5 millones de dólares, 92 en República Dominicana, 19 en Guatemala, 59 en Panamá, 11 en Colombia, 33.5 en Ecuador, 29 en Perú 29 y 35 en Argentina según reportes de CNN en español. El resultado de este galimatías es casi un continente que pagó contratos con sobreprecios por obras que en su mayoría se encuentran paralizadas y en un nivel mínimo de avance.

En suma, como lo ilustran los casos mencionados, la corrupción resulta un obstáculo entre la materialización de la política pública como mecanismo de la promoción del desarrollo humano. Sin embargo, será un fenómeno persistente mientras no exista un cambio en la escala de valores sociales en el cual se entienda que las libertades humanas como las define Sen representan un nivel considerablemente mayor de riqueza que los escasos beneficios de un puñado de monedas a beneficio personal.

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Tatiana Gélvez
tatiana@dialogos.org.gt

Estudiante de Doctorado en Gobierno Universidad de Essex (Reino Unido), Master en Política Comparada Universidad de Southampton (Reino Unido), Economista Universidad Externado (Colombia).

1Comment
  • Juan Telleria
    Posted at 19:03h, 07 marzo Responder

    Interesante vinculacion entre Desarrollo Humano y corrupcion. Gracias por tu reflexion Tatiana.

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