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19 Oct El extraño caso de Jimmy Morales, o el síndrome de Mr. Magoo

Cuando uno ve la victoria de Jimmy Morales como una posibilidad (hace seis meses se veía como su mejor -aunque no intencional- chiste) no deja de preguntarse en qué momento(s) pasó esto. Cómo pudo haber sucedido que un inexperto comediante, un amateur de la política con cero porcentaje de voto en las encuestas de abril pudiera convertirse en el ganador de la primera vuelta y virtual ganador de la elección presidencial. Igual que con el argumento de que si encontramos un reloj debe haber un relojero, aparece en nuestros cerebros la muy intuitiva conclusión de que semejante éxito vino de una mente brillante.

Mas eso no es siempre así. El cerebro humano es una máquina que busca patrones. Si no hay una evidente relación de causalidad consciente e intencional, nuestras neuronas conspirarán, a veces a favor y a veces en contra de nosotros, para encontrarla. Por regla general, esta capacidad natural es la condición necesaria para el conocimiento, pero también juega malas pasadas. Estas vienen en forma de visiones de vírgenes en tostadas, dioses en huracanes y conspiraciones judeomasónicas en el sistema financiero.

Muchas cosas son el producto de un proceso ciego (toda forma viviente, como bien explica Dawkins para empezar) que tiene un resultado complejo, pero no una intencionalidad consciente. De hecho, los autores liberales escoceses nos enseñan que, para hacer ciencias sociales, debemos introducir nociones como consecuencias no intencionales u órdenes policéntricos. La vida biológica y social no se explica sin cierto grado de azar, de variables que actúan ciegamente, sin sentido, pero que acaban afectando nuestras vidas. Suerte, destino, divina providencia o aleatoriedad son algunas de las expresiones que se han utilizado, por distintas personas y sus distintas interpretaciones, para designar esta parte de la naturaleza de las cosas.

Una campaña electoral correspondería a un evento contrario a esto, es decir, planificado. Obviamente, la estrategia de comunicación de un partido está sometida a ciertas variables que no puede controlar el centro de mando, pero uno podría decir que el ganador en una elección no lo es por casualidad. Hay siempre algo que el estratega detrás del candidato ha hecho bien…de la misma manera que los resultados deportivos tienden a ser explicados por la calidad, motivación, preparación y estrategia de los jugadores, los resultados electorales obedecen a lógicas similares. Guatemala, este país nuestro tan particular, nos presenta con un extraño caso que se parece más a un orden no intencional que a una acción pensada.
En este artículo voy a defender una tesis atrevida, que puede ser cuestionada y sometida a otros criterios. El problema con el que me enfrento es de data. Para llegar sólidamente a las conclusiones a las que quiero llegar necesitaría encuestas diarias, información sobre focus groups, y un análisis de audiencias y medios infinitamente más sofisticados que el que poseemos. Lo que haré en cambio es un juicio de valor sobre los mensajes y candidatos de esta campaña dentro del marco teórico de la construcción de agenda en comunicación. La tesis es la siguiente: Jimmy, si llega a ser Presidente, lo será por accidente… por una conspiración del destino.

La historia de esta campaña yo la resumiría de la siguiente manera: la CICIG lanzando bombas mediáticas y Jimmy haciendo de Mr Magoo. Para quien no conozca a este entrañable personaje caricaturesco, Magoo es un viejo simpático de vista corta que en su actividad diaria se mete en toda clase de situaciones cómicas y desastrosas, mas nunca llega a saber de sus meteduras de pata pues – haga lo que haga- todo a su alrededor se alinea en su favor y sale ileso, llegando a su destino sano y salvo pese a su ceguera. Magoo es, al final del día, una alegoría de la buena, y cómica, suerte.

Para explicar el camino que sigo para llegar a esta conclusión es necesario empezar con la Teoría de la Agenda Setting. Básicamente consiste en asumir lo siguiente: los medios de comunicación no te dicen qué pensar sino sobre qué pensar. Es decir, obligan a posicionar a la ciudadanía en temas determinados, en los que no pensaría si no estuvieran en los periódicos. No va a manipular a nadie a pensar si hubo o no genocidio (eso depende de tu biografía, tu orientación ideológica, de muchas cosas que los líderes de opinión no pueden afectar), pero van a forzar posicionamiento frente al tema. En una contienda política será muy importante quién de los candidatos se proyecta mejor en el tema dominante del momento frente a la audiencia.

En una campaña electoral lo normal es que las agendas sean influidas en buena medida por las candidaturas. Al recibir una enorme atención de los medios es más fácil colocar los grandes temas y sus mensajes en el debate público (siempre que el público los identifique como problemas, claro está). Es en ese contexto es que se produce un competencia de agendas, donde las candidaturas hablarán de los problemas que les interesan destacar e intentarán posicionarse con respecto a los mismos como mejor les conviene. Otto Pérez Molina, en la campaña electoral de 2011, se posicionó como el solucionador de la inseguridad y se puede decir que ganó en cierta medida porque la campaña giró en torno a ese tema.

En cambio la actual campaña chapina ha sido muy distinta. La CICIG, el Ministerio Público y las continuas manifestaciones han marcado la agenda de manera absolutamente dominante y los candidatos han tenido que ir adaptándose a los jueves de CICIG, los viernes de MP y los sábados de protesta ciudadana. Lo que parecía una campaña que iba a versar sobre el empleo se convirtió en una campaña sobre corrupción y reforma del sistema ¿Quién se nos podía presentar como la solución a la corrupción? El señor Baldizón del partido Líder, claro favorito, no se presentaba como gran renovador ¿cómo lo haría si ha formado parte del sistema, alimentándolo desde hace años? Cometió además un error estratégico detrás de otro, desde pelearse con los tres actores antes mencionados que marcaron la pauta del debate hasta lemas como el Letoca, que se le volvieron en contra.

A todo esto Jimmy pasaba por aquí. Un comediante sin dinero, sin estructura política y que testeaba el ambiente para próximas elecciones resultó estar en medio de todo esto. Con la pulcritud que le da no ser político, sólo tuvo que sonreír para resultar el más creíble de todos los candidatos. Ni corrupto ni ladrón. No mucho más que eso.

A esto se le une un segundo elemento que se alineó a favor de Morales. La oferta política con la que se ha enfrentado. Los dos máximos contendientes fuertes en lo rural, Manuel y Sandra, son de los peores candidatos vistos por los guatemaltecos. Nerviosos, erráticos y sudorosos tienen una capacidad limitada de conexión con el público. El resto de políticos profesionales, sobre todo las opciones urbanas minoritarias nunca plantearon una posibilidad creíble. Se trató de un conjunto de personajes entre grises y desconocidos con estrategias de campaña en el mejor de los casos ocurrentes y, en el peor, ridículas.

Como Mr. Magoo la campaña de Jimmy se ha comportado como si de facto estuviera ciega ante lo que pasa a su alrededor. En ningún momento se subió a la ola de indignación ni representó a los que se manifestaban en la plaza. Los mensajes son difusos y artesanales, ocurrencias que en ningún caso pueden sustituir a una estrategia de comunicación. Tampoco el discurso de Jimmy es nada nuevo. Es difícil diferenciar la diatriba de vaguedades que Morales dice cada vez que tiene un micrófono cerca con la de decenas de políticos chapines. Sin dinero, ni estructura, ni mensajes sólidos, el secreto del éxito está consistiendo en estar en el momento correcto con la inocencia adecuada.

No hay una gran mente detrás del resultado electoral de Morales. Al contrario que a cierta gente, eso a mí me resulta más escalofriante que si existiera una conspiración en contubernio de intereses oligárquico-militares. La realidad puede ser explicada de otra forma, a través de órdenes policéntricos que ahora parecen entregarle en bandeja la Presidencia a Jimmy. El destino conspiró para que llegara al poder….el problema para los ciudadanos es que no pase como con el bueno de Magoo que en su actividad despreocupada y afortunada, deja siempre un reguero de destrucción a su alrededor.

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24 Sep Los siete pecados capitales del Estado de Guatemala

Los próximos años serán de reflexión y, si se dan las circunstancias (esperemos), de reformas. Para contribuir al diálogo sobre qué cambiar y cómo cambiarlo, he aquí un listado de los defectos más graves, muchos de ellos de origen y diseño, de la cosa pública guatemalteca. No son cambios en sí, sino aspectos sobre los que poner la atención y debatir. Una misma reforma, como el agudo lector podrá observar, puede atacar a varias de estas imperfecciones. He aquí un repaso sucinto e introductorio de deslices pecaminosos comunes en el país de la eterna primavera.

1. Primer pecado, el Corporativismo. La manera en la que el sistema se ha protegido a sí mismo es cediendo espacios institucionales a grupos de poder. Algo así como amarrarse cuerdas para subir la montaña, y si cae uno caen todos ¿Qué hace el CACIF (que es un grupo de presión) representado en toda junta directiva y consejo existente en entidades del Estado (y creando así un claro conflicto de intereses)? ¿Por qué la Universidad de San Carlos es la que elige quién debe estar dentro de las instituciones públicas y no criterios de meritocracia establecidos por la propia institución? ¿Por qué hay ONGs tan influyentes a la hora de marcar la dirección de ciertas políticas públicas? Las burocracias fuertes tienen sistemas de selección no corporativistas y funcionan sustancialmente mejor. Si se aspira a cambiar el sistema no será a través de darle un espacio a distintos actores colectivos (por mucho que nos puedan parecer mejores a los que ya están dentro) sino a través de fortalecer a la gente que trabaja en la función pública, no a aquellos que se aprovechan de la misma desde fuera.

2. Segundo pecado, la Corrupción. Quique Godoy lo ha llamado Pistocracia. El término es poco riguroso, pero ilustra bien que el saqueo del presupuesto es una de las características fundamentales del sistema. Los arreglos entre niveles y ramas del gobierno se hacen por medio de transacciones monetarias o de favores al margen de la ley. El motor es el hueso, el contrato, las plazas y todo actor político lucha por su parte del pastel. No significa que no haya agendas políticas, pero éstas suelen negociarse a través del poderoso caballero. Los diputados pagados por Baldizón son muestra de ello.

3. Tercer pecado, el Clientelismo. La politización del sistema de profesionales trabajando en el Estado es una de las causas del anterior pecado, pero merece ser considerado aparte porque es además una de las principales razones de su ineficiencia. El aparato administrativo es controlado por el Presidente, pero la máquina que comanda está estropeada. Las personas que se eligen por afinidad sólo son profesionales aptos de casualidad y, por lo tanto, no suelen serlo. Los siguientes líderes políticos tendrán que considerar si prefieren tener el control de un carro defectuoso o perder la posibilidad de pagar con puestos favores políticos a cambio de un vehículo que sí lleve a algún lugar. Sacrificar influencia personal por eficiencia institucional.

4. Cuarto pecado, la vulnerabilidad del empleado público. La fragilidad laboral es el rasgo fundamental de trabajadores del Estado. Entrar por cuello significa salir cuando los vientos políticos cambian y en Guatemala cambian con frecuencia. En los casos en los que se ha optado por un blindaje vía contratos 011 (permanentes), los dirigentes entrantes tienen la posibilidad de hacer la vida difícil a los empleados públicos que, además, tienen cortada por lo general la posibilidad de subir de posición. En los demás casos la rotación es la práctica natural. Para las personas que son despedidas de su trabajo, si quieren seguir en la burocracia, el ciclo de supervivencia a través de clientelismo político y favores personales comienza de nuevo.

Los que están en la cúpula no se salvan de sufrir de manera parecida. Ministros salientes conservan en sus casas cajas repletas de documentos por si políticos en el sistema (que se verán al salir en una posición similar) desean perseguirles vía Contraloría y demás mecanismos de fiscalización. Los ejemplos son numerosos y apuntan a la misma dirección: poca gente en la cosa pública vive tranquila, centrada en su trabajo y con perspectivas de mejora dentro del aparato público.

El miedo y la inseguridad con la que viven buena parte de los trabajadores estatales está íntimamente relacionada con otro gran pecado, la excesiva y vertical jerarquía, desgraciadamente el modelo organizativo más común en Guatemala tanto en lo público como en lo privado. Esconderse bajo la protección de un cacique es la arriesgada (que se lo digan a los protegidos de Roxana Baldetti) salida que muchos encuentran para sobrevivir. El miedo también explica buena parte de la sindicalización de trabajadores, que encuentran en organizaciones a las que no necesariamente son afines un asidero del cual agarrarse.

5. Quinto pecado, el Legalismo Formalista. La administración guatemalteca es un constructo de abogados. Nada en contra de que haya leyes que vertebren la acción pública pero éstas, siguiendo la tradición napoleónica heredada de la Colonia es de una especificidad en muchos casos absurda. La administración del Estado descansa sobre la noción de que el funcionario hace únicamente lo que la legislación le permite pero esto, tomado desde una perspectiva formalista estricta, es un imposible peligroso, pues la ley va a tener siempre sus límites a la hora de contemplar las múltiples situaciones a las que se enfrenta todo funcionario. Pensar que primordial o exclusivamente las ciencias jurídicas van a resolver problemas administrativos vía la prohibición de las prácticas que no nos gustan es una de las mentalidades que han hecho más daño a nuestro país. El gremio de abogados ha capturado al Estado guatemalteco, o mejor dicho, lo ha hecho a su imagen y semejanza.

La consecuencia lógica de esta forma de gerenciar, es la arbitrariedad y el engaño, el buscarle vueltas a la ley. Solo como ejemplo ilustrativo: Para abrir nuevas plazas en el Estado, el Reglamento Orgánico Interno de un Ministerio debe ser modificado. El proceso es tan largo, complejo y corporativista que el sistema ha inventado mecanismos para esquivarlo. He ahí que aparecen los contratos 029 y 189 , entre otros que sirven para incorporar nuevo personal al servicio público sin ser legalmente servidores públicos. Si el candidato presidencial Jimmy Morales, como está diciendo, piensa en eliminar parte de los 029 debe tener en cuenta que sirven para generar plazas fantasma, pero también para incorporar a los profesionales más cualificados que tiene el Estado.

6. Sexto pecado, la falta de data, información y análisis y su consecuencia inevitable, el guatebolismo. Hubo un tiempo, parece ya muy lejano, en el que el Presidente Otto Pérez Molina disfrutaba delante de los micrófonos. En su papel de portavoz de gobierno se gustaba frente a los medios de comunicación y de vez en cuando nos regalaba alguna que otra afirmación contundente, normalmente dicha con aplomo militar. En una ocasión, preguntado sobre el impacto del narcotráfico en el país, se atrevió a revelar una cifra a todas luces alarmante. Según información de las unidades de inteligencia, manejada dentro de su gobierno, el 45 % de la tasa de homicidios estaba relacionada directa o indirectamente con el narcotráfico.

Una investigación minuciosa del asunto no arroja luz sobre metodologías aplicadas y resultados obtenidos. La realidad es que a día de hoy no existe un dato medianamente certero sobre esa clase de impacto, bien pudiera ser más del 45%, o, como algunos intuyen, bien pudiera ser que una cifra sustancialmente menor. Lo que es seguro es que el entonces Presidente de Guatemala habló sin respaldo, llevado quizá por el incentivo de sobredimensionar un problema que era de su interés en ese momento.
Si no generamos mejores sistemas de información, si el guatebolismo sirve como eje vertebrador de las políticas públicas, de su diseño y ejecución, las consecuencias serán tan devastadoras como el clientelismo y la corrupción.

7. Séptimo pecado, la falta de continuidad. Bien es sabido que un funcionario que deja su puesto borra toda información de su computadora y en raras ocasiones le traslada lo que ha estado haciendo al funcionario entrante. La altísima rotación de personas en los puestos genera una suerte de Alzheimer institucional, dando lugar a que los nuevos equipos de trabajo deban aprender todo de nuevo para empezar a operar. Las reformas deberán pensar en mecanismos de depuración pero también en maneras de generar memoria institucional para evitar esfuerzos que, además de caros, son inútiles.

¿Existe la redención para estos pecados? Sin duda. El camino hacia la profesionalización, la transparencia y la eficiencia ha sido recorrido por otros países antes que Guatemala, pero no llegará sin penitencia, y ésta comienza con una reflexión abierta y honesta sobre lo que hemos hecho mal. La depuración de políticos es una gran catarsis, pero es un callejón sin salida si no nos arrepentimos de nuestras faltas y hacemos un esfuerzo por cambiarlas. La penitencia…la dejaremos para otro artículo.

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